Por Carlos Fonz
Hace unos días, los católicos de todo el mundo, que somos algo así como el 18% de los habitantes del planeta, repasamos los hechos que llevaron al fundador de nuestra religión a una de las muertes más crueles, ignominiosas y despiadadas: la crucifixión.
Al leer los relatos de la Pasión que hacen los evangelistas, recordamos que durante las farsas de juicio que le hicieron, Jesús permaneció callado ante acusaciones tan injustas como falsas. Tiempo atrás, Él había hablado de poner la otra mejilla ante los agresivos y de dar también el manto al que quisiera arrebatarnos la túnica.
Tal vez con la buena intención de callar ante la acusación injusta y de sufrir uno mismo antes de hacer sentir mal a los agresores, los católicos hemos caído en un mal entendido conformismo y hemos permitido que se hagan afirmaciones que afectan a nuestra Iglesia y a nuestra Fe sin protestar por ello. Sin embargo, conviene recordar que nuestro compromiso no sólo es con la caridad, sino principalmente con la Verdad. No olvidamos que la caridad bien entendida comienza por uno mismo y que el propio Jesucristo se definió como el Camino, la Verdad y la Vida.
Todo esto viene a cuento ya que en las últimas semanas han circulado en los medios de comunicación una serie de noticias acerca de casos lamentables de pederastia en los que se han involucrado sacerdotes católicos. Es muy lamentable que alguien que recibió una preparación y un sacramento específico para desempeñar con garbo humano y caridad una labor mediadora entre los hombres y el Cielo, haya sucumbido a las bajezas de su condición humana en una de sus peores expresiones: al abuso contra menores.
Una falta especialmente grave en los sacerdotes
Eso, que es condenable en cualquier persona, resulta especialmente grave en un sacerdote, ya que por su condición goza del respeto, del afecto y la cercanía con personas de toda condición que sin conocerlo, se acercan a él para recibir consejo, orientación y consuelo. Resulta pues injustificable su comportamiento, aunque por otra parte resulta también entendible. El sacerdote es un hombre como cualquiera y por lo mismo, sujeto a todas las bajezas y a todas las vilezas posibles; aunque también es cierto que cuenta con toda la ayuda para no ser presa de esas pasiones y quienes tenemos la Fe, sabemos que cuenta con toda la Gracia aportada por el Sacramento del Orden Sacerdotal para dedicarse plenamente, en cuerpo y alma, al servicio de Dios y de las almas.
Por ello, si un abuso contra menores de edad resultaría condenable en cualquier persona, lo es aún más en un sacerdote católico. No es justificable desde ningún punto de vista y recuerdo que una reciente publicación aparecida en DESDElared señala que se trata de una de las faltas consideradas más graves y que merecen las mayores penas en la Iglesia Católica.
Considero que no es correcto aceptar que nos echen encima a los católicos todo el lodo y el estiércol de esa lacra social que son los abusos a menores. Y eso es justamente lo que están haciendo algunos medios, especialmente internacionales que han ido aún más allá, al tratar de enlodar al Papa Benedicto XVI. En honor a la verdad hay que decir las cosas como son.
EU: 64% de los abusos, en la familia; 10% en la escuela
y el 0.03% son de sacerdotes católicos
La Iglesia Católica es la institución que menos casos de este tipo ha registrado en los últimos 20 años. Pero no despierta igual morbo decir que en una familia, en una escuela, o en un club deportivo se cometieron esas faltas que decir que se cometieron en un templo.
Hace unos días, la Radio Vaticana dio a conocer que según datos oficiales del gobierno norteamericano, en el 64% de los casos, los abusos a menores son cometidos por personas de su propia familia y un 10% se dan en las escuelas. Por lo que respecta a los abusos cometidos por sacerdotes católicos -es un hecho que los ha habido- representan el 0.03%.
Los casos de Alemania: antes de que llegara el hermano del Papa
Hace algunas semanas estalló un escándalo en Alemania al conocerse casos de abuso contra menores en el Coro de Ratisbona, que durante un tiempo fue dirigido por el sacerdote Georg Ratzinger, hermano de Josep Ratzinger que desde hace cinco años adoptó el nombre de Benedicto XVI. Algunos medios acusaron al Papa de encubrimiento y de no haber actuado para no afectar a su hermano, pero la verdad es otra.
Georg Raztinger fue director musical del Coro de Ratisbona de 1964 a 1993 y ninguno de los casos de abuso a menores se dieron en el grupo que él dirigía, ni en el tiempo en que fue director musical, ni fueron delitos que quedaran impunes.
El primero de los delitos se presentó en el año 1958 y el responsable fue destituido y condenado luego de un proceso legal. En otro de los casos, sucedido también en el año 1958, el responsable no fue un sacerdote y también fue condenado años después. Otro de los casos se dio en 1959, cinco años antes de que el hermano del Papa llegara a dirigir el coro. Como se ve, ninguno de los casos se presentó cuando Georg Ratzinger estuvo en la Dirección Musical del coro, ni cuando su hermano Josep Ratzinger estuvo en la Congregación para la Doctrina de la Fe o una vez elegido Papa.
Alemania: 210 000 casos. En instituciones católicas: 0.04%
En Alemania se han presentado en los últimos 15 años 210,000 casos de abuso sexual y en 94 de ellos han estado involucradas personas que trabajan en instituciones católicas. Esto es, en el 0.04% de los casos.
Por lo que se refiere a Austria sucede que en los últimos años se han denunciado 510 casos, de los cuales, 17 se dieron en instituciones que de alguna manera tienen vinculación con la Iglesia, lo que da un 3.33% de los casos. En este país, además de las penas canónicas cuando se llega a tratar de clérigos, la autoridad religiosa ha hecho un llamado a quienes han sido víctimas de este tipo de abusos, aunque hayan pasado muchos años de eso a que presenten su denuncia ante la jerarquía católica y ante la autoridad civil.
Uno se pregunta entonces ¿por qué en algunos países se ha hecho aparecer a la Iglesia Católica como la principal causante de este tipo de abusos? La respuesta es muy clara. Quizá resulta entendible el encono de algunos medios internacionales de comunicación contra la Iglesia, ya que es la única que se ha mantenido firme en su postura de no aprobar el aborto, ni los matrimonios entre personas del mismo sexo, ni la promiscuidad sexual imperante en esos países ni algunas otras costumbres que han proliferado en esas naciones.
Como puede verse hay ocasiones en que no puede callarse la verdad. Algunas veces, y ojalá que siempre, hay que ahondar en la información que nos ofrecen los medios día a día. |