Hace alrededor de 12 años, una película del actor Robin Williams que era divertida, resultó además ilustrativa: enseñaba que la risa y el buen humor pueden ser un antídoto contra las enfermedades o una eficaz medicina. Relata aspectos de la vida del médico norteamericano llamado Hunter Adams, al que se referían sus allegados y pacientes como “Patch”. De ahí que la película llevara el nombre de Patch Adams.
El día de ayer, diversos medios europeos retomaron el tema del contenido terapéutico que tiene una buena carcajada, pero fueron más allá: no importa si la carcajada en causada de manera espontánea ante una situación que por sí misma cause risa, o si se induce, ya que el efecto es el mismo.
Según declaraciones de una profesional de la medicina que trabaja en un centro para el cuidado de personas de edad avanzada en el estado norteamericano de Florida, la risa se ha detectado ya como una alternativa para fortalecer el sistema inmunológico de pacientes que tienen el mal de Alzheimer o que están en tratamiento por cáncer, o a quienes padecen cuestiones relacionadas con enfermedades del corazón.
Una terapia a base de carcajadas, especialmente si se hace en un grupo, ha demostrado ser benéfica para esos pacientes, al grado de conseguir importantes avances en el control de sus enfermedades, además de que estabilizan la presión arterial y alivian la depresión, ayudan a mejorar la digestión y tienen un sueño reparador.
La simple risa, ya sea natural o inducida, es suficiente para traer esos beneficios al organismo.
Por ello, si ve que algún conocido va por la calle riéndose él mismo, no se alarme. Lo más probable es que esté en su sesión de terapia de carcajadas y que su reacción ante la interminable crisis económica, los problemas de seguridad y los enredos políticos a nivel nacional y local, responda con una sonora carcajada. Al menos no le afectarán en la salud.
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