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Opinión

 

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José de Jesús CastellanosJosé de Jesús Castellanos:Licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva. Periodista desde 1968. Maestría en Desarrollo Humano y Diplomado en Filosofía Política. Catedrático universitario. Participa en diversas organizaciones sociales.

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La "guerra" contra los narcos
no es suficiente
 
  José de Jesús Castellanos
 

josecast48@yahoo.com

 

Aguascalientes, MÉXICO., a 24 de agosto del 2009

 

Día a día se nos informa acerca de los ataques y bajas que se registran en la "guerra" contra los narcotraficantes. Las víctimas caen de los dos bandos y nada parece dar señales de quién va ganando esta lucha.

Hablar de "guerra" a los narcos es, por supuesto, una analogía. No se trata de un ejército beligerante, sino de delincuentes que han penetrado de tal forma a la sociedad mexicana, que ahora son capaces de retar al Estado y disputarle al tú por tú, el control de muchos ámbitos del territorio.

Por parte de los narcotraficantes, siguiendo la analogía, podríamos hablar de una verdadera guerrilla, que cuenta con las ventajas de este tipo de combatientes: ubicuidad, dispersión, asimilación, mimetismo en la sociedad y sorpresa. Además, según se nos ha dicho, cuentan con armas de lo más moderno y mucho, pero mucho dinero.

Ante esta clase de enemigos, son muchos los que se dan por vencidos y claman por un pacto, y, cínicamente, algunos de sus líderes ya se han atrevido a proponerlo públicamente. Son quienes, por falta de carácter, de valor o por complicidad, prefieren ceder ante este adversario oculto que, no por pactar, dejaría de aspirar al control y sometimiento de la sociedad, por no decir del Estado.

La lucha policial y hasta militar contra esta delincuencia es necesaria, pero no suficiente. No faltan voces que con acierto señalan a la pobreza como una causa de este fenómeno. Muchos jóvenes que no encuentran caminos de progreso, ven en la efímera y riesgosa riqueza de estas bandas la posibilidad de acceder y disfrutar de muchas cosas a las que, de otra manera, nunca podrán acceder en la vida y sólo las aprecian en otros o en los medios de comunicación. Quienes señalan esto afirman que el combate a la pobreza debe ser el otro frente para combatir a estas mafias.

Pero luchar contra la pobreza, aunque necesario, tampoco es suficiente. Muchos de quienes se han pasado del otro lado –y nos dicen, por ejemplo, que muchos de los desertores del ejército, de la Policía Federal Preventiva (PFP) o de otras fuerzas policiales son de éstos–, no lo hacen porque carezcan de medios o ingresos para una vida digna. Más bien, son atraídos por una ambición sin límites que penetra a muchas clases sociales y que hace sospechar que personajes que se hacen llamar empresarios o políticos forman parte de esta "guerrilla".

Así que ni la guerra, ni el combate a la pobreza, son suficientes para derrotar a esta "guerrilla" que ha penetrado de manera eficaz, acelerada y sorprendente, a la sociedad mexicana.

La única forma de lograr la victoria final de esta lacra será, sin duda, trabajar por el desarrollo integral de las personas. Desarrollo que va más allá del simple incremento de la riqueza o del conocimiento, sino que tiene como punto central una clara comprensión del sentido de la vida, sustentado en una visión trascendente de la persona y protegido por sólidos valores que se conviertan en virtudes que den sentido y rumbo al quehacer de las personas. Que lo hagan con tal fuerza, que ayuden a enfrentar y superar la atracción engañosa que ofrecen las mafias; o a enfrentar con fortaleza las amenazas de un mundo sin escrúpulos, que no se detiene ante nada con tal de alcanzar sus propósitos.

Esta batalla se da en el terreno cultural, tal y cual lo entendía Michele Federico Sciacca en su pequeño opúsculo Cultura y anticultura, y donde toca el tema de la educación de la persona. Sciacca aborda la cultura en relación a la paideia, que se orienta a perfeccionarnos, en una aristocracia integrada por aquéllos que aspiran a ser mejores, de acuerdo con sus posibilidades, por encima del lugar y oficio que tengan en la sociedad.

La miseria del sistema educativo mexicano explica por qué hay oleadas de aventureros que están dispuestos a inscribirse en las filas del narcotráfico.Esta aristocracia es la de quienes por sí y con ayuda de sus semejantes, buscan la perfección de acuerdo con su naturaleza y alcanzan una estatura moral o religiosa, incluso filosófica, que en muchas ocasiones supera a las de quienes ocupan los cargos de dirigencia pública.

"Paideia –escribió Sciacca– es la búsqueda que el hombre hace de sí mismo –‘conócete a ti mismo’– para saber quién es y cómo debe emplear la vida para realizarse plenamente. Por lo tanto, la cultura, en el sentido de la formación del hombre, coincide con la búsqueda de la verdad en todos los dominios que pueden interesarle y contribuir a su formación". Y lograr lo anterior es educar, es decir, formar.

Pero lejos de estar empeñados en esta tarea, estamos en manos de un conjunto de tecnócratas y de corruptos que, o sólo operan en el terreno de lo práctico, o buscan la forma de beneficiarse a sí mismos en un sistema "educativo" que ha fracasado desde hace más de 100 años y sobre el cual no se realiza la tarea necesaria, pues lo que menos le importa es la paideia.

Cuando está preocupado más por enseñar a leer más y mejor, y a realizar operaciones con eficacia, pero aún en el pretendido retorno al civismo y a la ética, está plagado de un relativismo que no logra dar respuesta clara al sentido de la vida y, por lo mismo, a la dimensión de la verdadera realización y perfección de la persona, empezando por distinguir con claridad la verdad del error, el bien y el mal.

Tan no le interesa a nuestro sistema educativo atender este tema central, que hace apenas unos pocos meses vimos cómo la SEP pretendió eliminar de los estudios de la juventud los temas filosóficos que son, por antonomasia, los que buscan respuesta a la interrogante de quién se es, y en razón de su ser, cómo se realiza.

Ignoro cuál fue el argumento por el cual, finalmente, se evitó que dichas materias se eliminaran. Pero el solo intento de realizarlo, nos muestra la miseria del sistema educativo mexicano y nos explica por qué hay oleadas de aventureros que están dispuestos a inscribirse en las filas del narcotráfico. Contra ello nada pueden las balas ni los pesos y centavos.

 

       
Cortesía de www.yoinfluyo.com
 
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