En los últimos días se ha mencionado en los medios que la decisión de la Cámara de Diputados, y la posibilidad de que la Cámara de Senadores aprueben un incremento a los impuestos, se debe en buena parte a la presión de los gobernadores por disponer de mayores recursos.
En torno al muy probable incremento de impuestos como solución para atender tanto el presupuesto de la Federación como de los estados, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) hizo público un documento que revela aspectos interesantes del porqué considera que el incremento de impuestos no es la vía para alcanzar el desarrollo y solucionar la problemática de México.
La postura del IMCO se resume en dos grandes apartados:
- Más impuestos a los estados implicarían mayor desperdicio de recursos
- Los gobiernos estatales deberían proponer impuestos estatales. De esa manera, los contribuyentes de cada entidad vigilarían por la buena aplicación de los recursos y se opondrían al despilfarro. Fomentaría la rendición de cuentas.
Estados en México: más recursos de los que
reconstruyeron a Europa, y resultados muy diferentes
Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó devastada. El conflicto de varios años había destruido carreteras, puentes, puertos, ciudades, fábricas y centros de producción agrícola. Había hambre y millones de personas vivían en una miseria total.
Los Estados Unidos idearon un programa para ayudar a que las naciones de Europa pudieran levantarse de la ruina. Se llamó el Plan Marshall, en honor a quien fuera Secretario de Estado de ese país, George Marshall.
En los cuatro años de vigencia del Plan Marshall, todos los países europeos, con excepción de Alemania que estaba sujeta aún a fuertes restricciones de tipo comercial e industrial, habían rebasado ya los niveles que tenían antes de la guerra. La infraestructura estaba reconstruida y las economías de los países avanzaban aceleradamente y se volvieron autosuficientes en lo económico. Años después, la propia Alemania se convertiría nuevamente en la locomotora económica de Europa.
El secreto fue sencillo: austeridad, trabajo duro, honestidad, dar prioridad a la producción antes que al gasto, invertir en lo estrictamente útil y necesario.
El Plan Marshall que puso de pie a Europa costó el equivalente a 1.6 billones de pesos mexicanos del 2009, según dice el IMCO.
Por contraste, de 2006 a 2008, los 32 estados de la República Mexicana recibieron del Gobierno Federal 2.5 millones de transferencias y participaciones (en pesos mexicanos del 2009).
Compare usted mismo los resultados de la inversión. Con menos recursos, los países europeos reconstruyeron su infraestructura y planta productiva. Con más recursos, los estados de México dilapidaron en proyectos ostentosos y fatuos, elevaron el gasto y propiciaron tantos desvíos presupuestales como una alta corrupción, pero continúan siendo dependientes y requieren cada vez de más impuestos para sostener el aparato y la burocracia. |