En los próximos años, los países con mayores posibilidades de mejorar la salud de sus habitantes, atender los problemas ambientales y hacer más productivos sus procesos industriales y agrícolas serán aquéllos que incursionen en la bioeconomía, esto es, los que aprovechen las ciencias biológicas para añadir valor a sus productos y servicios.
Para el año 2015, se espera que todas las nuevas medicinas, la mitad de los granos de mayor consumo y un gran número de los productos que salgan al mercado sean resultado de la biotecnología.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), del que México es socio, elaboró el estudio “The Bioeconomy to 2030; designing a policy agenda”. En él se aborda el avance de la biotecnología a nivel público y privado, y también se tocan aspectos relacionados con la disponibilidad de recursos económicos y humanos. A partir de esos elementos, se plantean cambios que la bioeconomía pudiera ocasionar para el año 2030 en la forma de hacer negocios.
El estudio no limita la bioeconomía a algo exclusivo de las naciones avanzadas, pues expone que deben incursionar en ella sobre todo los países en desarrollo. De no ser así, les será cada vez más difícil satisfacer las demandas de salud y de productos agrícolas de su población y abandonar los procesos de producción que tanto lastiman a sus ecosistemas.
Otro de los factores que obliga a desarrollar la biotecnología son las cuestiones relacionadas con la salud, pues se estima que la producción y manufactura de medicamentos bajo este tipo de procesos contribuirá a reducir los costos de atender a una población mundial que tiende a envejecer.
La OCDE expone que la biotecnología ofrece la oportunidad de crear nuevos modelos de negocio de pequeño tamaño. Estas compañías pudieran especializarse en la investigación y entonces vender su conocimiento a las grandes empresas que se dedicarían a la manufactura y a la distribución de productos.
Pero advierte que los beneficios sociales y económicos de la bioeconomía están sujetos a la toma de buenas decisiones políticas en el corto y mediano plazos, sobre todo por lo que toca a alinear los intereses privados con los públicos.
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