Aguascalientes, Ags.- Cuando uno de los integrantes más pequeños de la familia vive con cáncer, tanto los padres como los hermanos comienzan la adaptación a nuevas condiciones familiares, ya que la vida diaria se trasforma, cambia el tipo de alimentación, los horarios y los cuidados para el chico.
Pueden vivir miedo a lo desconocido, así como a la incertidumbre que genera la enfermedad. No obstante, es importante que no se pierda de vista que el núcleo familiar debe proveer soporte, fortalecer el estado de ánimo en el pequeño, además de buscar su autonomía en el autocuidado y su responsabilidad ante las indicaciones médicas sobre el tratamiento. Existe una condición que en este proceso de adaptación es muy importante considerar: la fatiga que vive el pequeño, ya que esta situación impacta en el rendimiento tanto escolar, como en aquellas actividades dentro y fuera de casa.
Nulo deseo de realizar actividades
La fatiga es el efecto secundario más frecuente del tratamiento de cáncer. Es común que el niño exprese sentirse cansado, débil, agotado, pesado, lento, o sin energía o empuje para actuar. Esto es una condición normal, por lo que, tanto los padres como maestros en la escuela deben considerar esta situación ya que la fatiga relacionada con el cáncer es diferente de la que sienten las personas sanas, pues cuando un niño sano está cansado por las actividades diarias, se puede recuperar si duerme y descansa, en cambio cuando vive con este padecimiento, no es así, además que su rendimiento es menor, se puede agotar más rápido y por lo general, tiende a disminuir hasta después de terminar el tratamiento.
La fatiga puede afectar a todas las áreas de la vida porque hace que el paciente se sienta demasiado cansado para participar en las actividades diarias, relaciones, acontecimientos sociales y actividades comunitarias. El niño puede faltar a la escuela, pasar menos tiempo con los amigos y la familia, o dormir más.
En algunos casos, la fatiga física conduce a la de tipo mental y a experimentar cambios en el estado de ánimo. Esto puede dificultar que el pequeño preste atención, recuerde cosas y piense claramente.
El tratamiento y los cuidados del niño con cáncer no sólo son médicos, deben ser sociales, emocionales, escolares, donde todos logremos integrarlo a su vida normal, durante y después del tratamiento, con algo muy sencillo que consiste en conocer, preguntar y saber qué hacer ante la nueva condición de salud del pequeño, cuáles son sus necesidades reales, y así sumar comprensión y amor al tratamiento.
*José Méndez Venegas, Coordinador del área de Psico-oncología del Hospital Infantil Teletón de
Oncología.
Colaboración de Fundación Teletón
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