OPINIÓN

Saltos de fe

2024-07-08
  • Paúl Chávez

Los saltos de fe nos mejoran sustancialmente y nos empoderan para emprender cosas más grandes. La gente que más cree, más crece.

Eso es fe

Ante la falta de lluvias, la comunidad se reunió en la plaza para rezar y pedir por la de la lluvia, pero solo un niño llevó un paraguas. Eso es fe.

Un físico reconocido ha estudiado el poder de las creencias en las tribus indígenas y acompañó a uno a una montaña en Nuevo México para danzar por la lluvia y el fin de una larga sequía. Al terminar, le preguntó por qué movía los pies de esa manera. Le respondió que se imaginaba que estaba chapoteando en el agua sintiendo la lluvia. Le llamó la atención la fe con la que hizo la ceremonia. Al poco tiempo llovió.

Fe en la adversidad

Es relativamente fácil creer en la prosperidad, pero en la adversidad la fe se pone a prueba. Ayer un amigo me comentó que le compuso una canción a otro para animarlo ya que en pocos días perdió lo que más amaba. Su madre, la abuela del bebé, lo cargaba en brazos cuando éste murió súbitamente. A la abuela asustada le dio un infarto fatal; su esposa, ambos jóvenes, le reclamó porqué lloraba más a su madre que al bebé, y quizás le culpaba, al poco tiempo lo abandonó. Así me contó la historia.

Con la falta de fe emergen la negatividad, la pesadumbre, las aflicciones, y el estrés se acumula e intensifica; muchas de las crisis mentales y de valores son crisis de fe. Estudios confirman que la fe sana en los hospitales.

Crisis de credibilidad

Más que analgésicos y libros de autoayuda necesitamos alimentar la fe cotidiana con pensamientos y actos de fe que nos eleven. La fe en el cónyuge fortalece la relación; la fe manifestada en los hijos les inocula debajo de la piel la seguridad en sí mismos. Cuando ésta falta en la niñez y en la adolescencia, se dificulta la autoestima en la adultez porque la autoestima se siente, viene de adentro como un buen perfume.

Esa sensación de carencia no se llena solo con conocimientos ni terapias que ayudan. La certeza de sentir es más contundente que el conocimientola sensación informa en el acto una vivencia real, el conocimiento en cambio suele ser información o certezas que se las lleva el viento como las hojas del árbol. El amor genuino se siente y se manifiesta en los actos. Las palabras no suplen la certeza de sentirse querido aunque ayudan. Obras son amores.

Fe con obras

Santiago el apóstol escribió “tú tienes fe, yo tengo obras, muéstrame tu fe sin obras que yo con mis obras te mostraré mi fe”. Según voy aprendiendo, la autoestima requiere la certeza de las obras de amor... hechas por uno mismo. No basta solo convencerse, ni creerlo; uno se convence como el chinito “milando”, cómo uno mismo procura actos de amor hacia sí mismo y a los demás manifestados en detalles.

Fe sobrenatural

La mejor de todas los tipos de fe es la sobrenatural. Esta fe está por encima de lo natural. San Agustín menciona que “se cree lo que no se ve”, ella es regalada y causa la certeza de sentirse querido profundamente por Dios próximo e inmediato.

Si reflexionas un poco, tu existencia es regalada y se mantiene en la mano de un Ser que se subsiste a sí mismo, tus padres participaron pero no te crearon. Si Él quita su mano caeríamos allá abajo en el profundo y negro abismo de la nada.

Quienes han experimentado ese vacío existencial ante la proximidad de la muerte o al sentir la radical insuficiencia, pueden experimentar la absoluta necesidad de Dios para sostenerse y no esfumarse; esa necesidad no se aprecia en el día a día, al sentirnos autosuficientes, ni en los jóvenesEl tamaño de la angustia revela la falta de fe.

Las caricias de la fe

La fe provee caricias entrañables. Cada niño nace con un pan bajo el brazo, la Providencia se manifiesta en mil detalles cotidianos, pero se nota más en las carencias. Quien salva su vida o sale de una seria dificultad se vuelve más agradecido y humilde al reconocer su nula o poca participación en ello. Incluso al detener el auto un instante sin pensarlo pasa un “motoloco” que iba a estrellarse con nosotros. Una mano invisible nos mueve pero no solemos percibirla.

Por la fe, uno va comprendiendo también que los sucesos dolorosos traen consigo bendiciones, y para verlas necesitamos los ojos de la fe.

Pedro, al ser atropellado, vio que un tipo fuerte, rubio, de ojos claros lo sostuvo de la cabeza reconfortándolo diciéndole que estaría bien; al levantarse sin quebrantos volteó para agradecérselo pero no lo veía, preguntó por él a los que lo rodearon, nadie lo vio en absoluto. Él, que no era un gran creyente, me dijo con seguridad que fue su ángel custodio.

¿Tu ángel custodio?

Al mío le llamo Pablo. Esta semana me resolvió dos asuntos porque acudí a él con la certeza de que me va a ayudar y que me escucha. Y, para lucirse, me ayudó a evitar un muy serio accidente en casa. La devoción al ángel custodio de cada uno vale mucho. Trátalo y verás.

Es un milagro despertar sano cada día, la gente espera milagros extraordinarios cuando abundan los ordinarios, quien tiene fe ve más claro y lejos.

En este momento su amigo que escribe esto, necesita dar un salto de fe, con su apoyo.

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