OPINIÓN

Mi actitud ante la Pascua

2021-04-05

La fiesta de la Pascua ya se celebraba en tiempos de Jesús, pero con Él va a cambiar de sentido y de significado, dando lugar a la principal celebración en el Cristianismo.

La palabra “Pascua”, que significa literalmente “paso”, se refería a un suceso del Antiguo Testamento: el “paso” del ángel del Señor. Fue cuando el pueblo judío estaba cruelmente esclavizado por los egipcios y Dios mandó a Moisés para convencer al Faraón para que los dejara salir, pero ante su negativa, cayeron diversas plagas. La última consistió en que un ángel pasaría por cada casa, en la que moriría el primogénito a menos que hubieran marcado la puerta con la sangre de un cordero sacrificado.

En ese suceso histórico hay una gran simbología: la salvación vendría por la sangre del cordero pascual, el Cordero de Dios, Jesucristo, sacrificado en la Cruz. Con Cristo, ahora la Pascua significa el “paso” de la esclavitud del pecado hacia la vida de la gracia. De estar alejados de Dios, a ser sus hijos gracias al sacrificio libre del Cordero.

En esta Pascua, el Papa Francisco nos invita a contemplar y asombrarnos del gran amor que Jesús nos tiene. Que nos pasmemos de lo mucho que le importamos a pesar de nuestras traiciones.

Para pensar

“La última cena” fue pintada por Leonardo da Vinci en el Convento de Santa María delle Grazie en Milán. Se encuentra en muy mal estado a pesar de las restauraciones. Tiene más de 500 años y falló la base puesta. Además, en las campañas napoleónicas, los soldados franceses practicaban la puntería con la obra. En 1943, en la Segunda Guerra Mundial, el ejército anglo-americano lanzó sobre la zona del convento más de mil toneladas de bombas. Dicho convento se vio afectado gravemente y, según se cuenta, el fresco de Leonardo se salvó de milagro, atribuyéndolo a la Virgen, pues el día del bombardeo fue el 15 de agosto, el día de la Asunción de la Virgen.

En la dicha obra, Leonardo intentaba mostrar las diversas reacciones de los Apóstoles a las palabras de Jesús cuando les afirma que uno de ellos lo traicionará. Todos hacen diversos ademanes, unos incrédulos, otros sorprendidos, otros dolorosos…

Judas Iscariote arquea su cuerpo hacía atrás, alejándose de la Verdad. Leonardo, en su tratado de la pintura, escribe: "Los movimientos de las personas son tan diferentes como los estados de ánimo que se suscitan en sus almas, y cada uno de ellos mueve en distintos grados a las personas (...) Lo feo junto a lo bello, lo grande junto a lo pequeño”.

Pensemos cuál es nuestra reacción ante la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, para tener, como aconseja san Pablo, los mismos sentimientos de Cristo.

Para vivir

La grandeza de la vida, dice el Papa Francisco, no está en tener o en afirmarse, sino en descubrirse amados. La grandeza de la vida está en la belleza de amar. Nunca deberíamos sentirnos solos o poco amados, pues “Dios nos amó hasta el extremo”.

Ese Amor de Dios, además, es perdurable e incondicional. Es tan concreto, que podemos experimentarlo, en especial, cuando acudimos a la Sagrada Eucaristía y admiramos que Dios se nos entrega. Ojalá que esta Cuaresma y Pascua vivamos agradecidos redescubriendo el Amor que Dios nos tiene.

José Martínez Colín es sacerdote, Ingeniero (UNAM) y Doctor en Filosofía (Universidad de Navarra).

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