OPINIÓN

Encender estrellas para los más necesitados

2019-07-09

Algunas personas piensan, como dice un refrán, que “todo tiempo pasado fue mejor”, que antes era más fácil ser cristiano y vivir la fe. Pero el Papa Francisco señaló que hoy no es más difícil que en otras épocas de la Iglesia, sucede que hoy es solamente diferente. Cada época tiene sus propias dificultades. Hoy en día, por ejemplo, no es fácil ser cristiano y fiel a la Iglesia a causa de la dolorosa y compleja cuestión de los abusos cometidos por miembros de la Iglesia.

En un encuentro con jóvenes franceses, el Papa Francisco les animaba a permanecer cerca de Jesucristo a pesar de “la dolorosa y compleja cuestión de los abusos cometidos por miembros de la Iglesia… Les animo a permanecer unidos al Señor Jesús a través de la escucha de la Palabra, la práctica sacramental, la vida fraterna y el servicio a los demás”.

Además, les invitó a recorrer Roma y aprovechar esta peregrinación para “redescubrir que la Iglesia, de la que son miembros, camina desde hace dos mil años, compartiendo las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres. Y camina así como es, sin recurrir a ninguna cirugía estética”.

Para pensar

En ese encuentro, el Papa Francisco propuso como ejemplo del seguimiento a Cristo, a través del amor los demás, a San Vicente de Paúl, que supo hacer visible el amor de Dios, amando con la fuerza de sus brazos y el sudor de su frente.

En una ocasión en que viajaba en barco, fueron asaltados y Vicente fue herido y hecho prisionero. En Túnez fue vendido como esclavo y pasó por varios amos, hasta que pudo escapar. Veía sus experiencias como lecciones que el Espíritu Santo le iba dando: haber sido pobre, preso, esclavo, herido… le llevarán a crear asistencias para los más necesitados. Al final de su vida, San Vicente había logrado una de las más grandes congregaciones de la Iglesia Católica expandida en muchos países, dedicada a la atención no solo de pobres, sino también de niños abandonados, enfermos, soldados heridos, esclavos, desamparados, mendigos, refugiado de guerra o condenados a galeras, y aún hoy en día continúan muchas de sus obras de asistencia material y espiritual.

Por ello San Vicente decía: “Los pobres son nuestros señores y maestros. Maestros de vida y pensamiento. Junto a ellos la inteligencia se esclarece, el pensamiento se rectifica, la acción se ajusta, la vida se modela desde el interior”.

Para vivir

El Pontífice animó a los jóvenes a dejarse “transformar y renovar por el Espíritu Santo para llevar a Cristo a todos los ambientes y dar testimonio de la alegría y de la juventud del Evangelio”.

Francisco exhortó a ser “constructores de puentes entre las personas, intentando hacer crecer una cultura del encuentro y del diálogo, para contribuir a alcanzar una auténtica fraternidad humana. Con su atención a los pequeños y a los pobres, pueden encender estrellas en la noche de aquellos que están en dificultad… a aquellos que bajo la apariencia de superficialidad y del conformismo, continúan buscando la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida”.

José Martínez Colín es sacerdote, Ingeniero (UNAM) y Doctor en Filosofía (Universidad de Navarra).

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