Aguascalientes, Ags.- El contacto con el dolor, las enfermedades, el sufrimiento y los padecimientos, desde luego supone la existencia de profesionales de la salud, médicos y enfermeras en el sentido pleno del término. Aunque la mayoría de los seres humanos no nos desempeñamos en áreas relacionadas con ese ámbito, alguna vez hemos tenido necesidad de sus servicios o en el futuro tendremos que acudir a ellos.
La vida humana es un bien tan frágil y en extremo tan necesitado de ayuda que desde antiguo existen inquietudes científicas, filosóficas y religiosas respecto de los límites de acción de los profesionales de la salud, en esos casos donde la sobrevivencia de personas concretas está en peligro y se hacen necesarias las asistencias extraordinarias para preservarla.
El surgimiento de la Bioética debe entenderse como parte del estudio de la Filosofía, concretamente de esa parte que se relaciona con el análisis y el valor de las acciones humanas en el ejercicio de los deberes y las profesiones a las que en su conjunto llamamos Ética profesional. Una parte del hacer profesional se refiere, como estamos viendo, a las ciencias médicas y por tratarse del bien tan delicado e insustituible que es la vida humana, desde luego admite múltiples consideraciones y matices.
La Bioética centra su objeto de estudio de manera precisa en el análisis de las decisiones, que en el contexto del cuidado y conservación de la vida y la salud toman los profesionales de la medicina en los casos concretos donde en ejercicio de su profesión y deber intervienen.
Cabe señalar que el vertiginoso avance de las ciencias en las últimas décadas, ha hecho posible acceder, para el cuidado y prolongación de la vida, a medicamentos, medios y recursos en verdad extraordinarios o por lo menos inimaginables en otras épocas de la historia; es el caso, entre otros, de los trasplantes de órganos, los respiradores artificiales que pueden hacer por el paciente la vital función y prolongar su vida de manera indefinida; los aparatos de diálisis que realizan la función renal, atrofiada en el paciente; la fertilización in vitro que permite a parejas estériles la viabilidad de tener hijos y un largo etcétera.
El delicado equilibrio en la toma de decisiones ha propiciado la necesidad de que existan al interior de los hospitales comités especializados en bioética, que ante casos concretos de pacientes en determinadas circunstancias de gravedad, tomen en conjunto y de manera colegiada la mejor decisión, que no siempre es fácil de explicar al propio paciente y a los familiares.
En 1976 fue muy famoso en Estados Unidos el caso de unos padres de familia que ante la negativa del hospital donde se encontraba internada su hija acudieron a la Corte estatal para solicitar que se le desconectara, ella estaba unida a un respirador artificial desde hacía 14 meses a consecuencia de un accidente de tránsito en que se le diagnosticó muerte cerebral. Los jueces que conocieron de esa petición, desde luego no disponían de precedentes para tomar una resolución, pero recomendaron la creación de los referidos comités de bioética al interior de los hospitales, precisamente porque son complejos y variados los elementos que deben ser considerados cuando el cuidado y protección de la vida humana se encuentra en trance cercano a la muerte o en grave peligro.
De hecho no sólo es necesaria la valoración médica, también la jurídica debe ser considerada por los diversos impactos económicos y sociales que acompañan a todo paciente. El ser humano, es el único capaz de reflexionar sobre su existencia y tránsito vital, lo deseable es que la bioética inspire las decisiones profesionales que permitan el ejercicio de la vida con calidad y dignidad.


