Aguascalientes, Ags.- En este 2014, estamos conmemorando el centenario del natalicio de Octavio Paz. Y es sorprendente la enorme cantidad de poemas y ensayos que escribió el primer Premio Nóbel de Literatura mexicano. Llegó a ser un profundo conocedor de la poesía náhuatl y maya. Eso lo vemos reflejado en su magistral poema “Piedra de Sol”. Pero, con esa misma facilidad, recibió las influencias literarias de los poetas norteamericanos y los revolucionarios del verso libre: Ezra Pound y Thomas S. Eliot. El célebre poema de éste último poeta, “La Tierra Baldía”, en la cual nos expone las raíces últimas de la crisis de valores de la sociedad occidental, también Paz retoma estas ideas y las plasma a lo largo de su obra literaria.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, Paz se instaló en París y se sintió cautivado por la corriente “Surrealista” de André Breton, que partiendo de las conclusiones del psiquiatra vienés Sigmund Freud, el mundo de los sueños tienen un destacado valor en la vida de las personas. Luego entonces, según Breton, habría que manifestarlos también a través de las distintas manifestaciones artísticas: pintura, escultura, danza, cine, literatura, etc. “El Laberinto de la Soledad”, sin duda, está escrito bajo esa influencia ideológica.
Pero Octavio Paz, en su adolescencia, debido a las lecturas y conversaciones con su abuelo, Ireneo Paz, se convirtió en librepensador. Posteriormente se interesó por el marxismo-leninismo y viajó a España para apoyar la causa republicana, pero se sintió enormemente defraudado cuando José Stalin, junto con Adolfo Hitler, decidieron repartirse, como “botín de guerra”, el territorio de Polonia poco antes de ese primero de septiembre de 1939, que marca el inicio de la Segunda Conflagración Internacional. A partir de esa histórica decisión política, Paz concluyó que José Stalin –por quien sentía una gran admiración- no era sino un dictador totalitario más, como lo fueron Adolfo Hitler, Benito Mussolini y tantos otros a lo largo de la historia. Así que decidió romper con esta doctrina de pensamiento y declararse como “un poeta en búsqueda de nuevos caminos”.
Cuando fue nombrado Embajador de México en la India, incursionó en el Budismo a través de la Meditación trascendental, el yoga y otros métodos similares. Pero reveló que en esa religión no encontró a “la Otredad” (al Ser Supremo o a Dios) sino más bien una particular vacuidad, es decir, un vacío mental en el que no había diálogo y declaró también que no creía en la reencarnación “porque en esta vida -que es una sola- nos la ‘jugamos’ del todo”.
Visitando la región de Goa, la zona más católica de la India, entró casualmente a una iglesia, mientras un sacerdote celebraba Misa. Paz confiesa que se conmovió profundamente, al punto que lloró y la escuchó con fervor. Y reconoce que, por fin, había encontrado su verdadera identidad.
Pero no encontró específicamente al Dios del Catolicismo, sino a una vía de acceso muy original, que tampoco era el Ser Supremo frío y distante, a la manera de Aristóteles, como el “Primer Motor Inmóvil”, sino que su corazón le decía que había un Creador, autor de las criaturas, y en la que él –como ser humano- ocupaba un lugar especial. En su poema “Hermandad” escribe: “Soy hombre: duro poco / y es enorme la noche. / Pero miro hacia arriba: las estrellas me escriben. / Sin entender comprendo: / también soy escritura / en ese mismo instante / alguien me deletrea”. Es un testimonio elocuente de su afanosa búsqueda y el comienzo de su diálogo con esa “Otredad”, en el atardecer de su vida. El conocido crítico inglés, Michael Cohen, afirma que: “La búsqueda de Paz es en esencia religiosa”.
En su obra “La Llama Doble” concluye que el amor entre un hombre y una mujer, por más intenso que sea, será siempre efímero. En cambio, Dios posee los atributos de inmortalidad e inmutabilidad. Es por eso que en ese amor de Dios hay permanencia y eternidad.
Y el Dr. Rafael Jiménez Cataño –especialista en este ilustre literato- comenta que se enfrentó con valentía a solucionar los cuestionamientos del “Más Allá”, después de esta vida. Y resume que, después de un largo itinerario, se puede decir -con cierta confianza- que el ansia de felicidad en Paz es también ansia de inmortalidad. Porque todos queremos ser felices para siempre.
Confrontar las obras:
- Jiménez Cataño, Dr. Rafael, Lo Desconocido es entrañable. Vida y Obra de Octavio Paz, Editorial Jus, México, 2008.
- Espinoza Aguilera, Mtro. Raúl, ¿Qué sabes sobre Octavio Paz?, Editorial Minos III Milenio, México, 2009.


