Aguascalientes, Ags.- Nicolás Maduro llegó a la presidencia después de haber asumido, de manera notable, el liderazgo del chavismo dentro y fuera de Venezuela, en su papel de vicepresidente, al tiempo que presumía una especial cercanía con el gravemente enfermo Hugo Chávez, quien había sido reelecto a pesar de su postración. Esa situación fue habilidosamente aprovechada por Maduro para tomar la dirección del Estado venezolano después de haber sido mencionado como el ungido por el mismo presidente Chávez como su sucesor.
Toda la parafernalia y la farsa política ligada a la enfermedad del presidente Chávez, sus recuperaciones y recaídas, su permanente anuncio de que asumiría la presidencia por seis años más porque iba a superar su enfermedad bajo el paraguas de los Castro, fue cuidadosa y hábilmente acompañada por Maduro en un juego de lealtad histriónica que llegó hasta la fantasía, con algunas dosis inocultables de servilismo hacia el caudillo, afirmando que existía una especie de comunicación paranormal con quien heroicamente luchaba con su padecimiento haciendo acopio de un ánimo sobrehumano.
La propalada comunicación sobrenatural de Chávez con Maduro llegó hasta el ridículo por medio de un famoso pajarito y de otras revelaciones que llegaron a develarle la influencia que había tenido el presidente fallecido en la designación del primer Papa latinoamericano, el argentino Jorge Mario Bergoglio como un regalo enviado desde el más allá. Delirios inconcebibles, pseudo religiosos, para consumo del pueblo.
Es evidente que Maduro no es tonto sino un manipulador audaz que estuvo dispuesto a utilizar cualquier artimaña para ganar la elección, y que seguramente continuará actuando de la misma manera para consolidarse en el poder, en medio de una ficción democrática parecida a la que construyó su mentor, con las fantasías, las arbitrariedades y la política de hechos consumados que caracterizaron al ahora difunto.
Venezuela compró enormes cantidades de armamento a los rusos durante la larga gestión del presidente Chávez, llegando a ocupar el segundo lugar en importación de armas, a nivel mundial, después de la India. Sus relaciones de carácter comercial con Rusia, Irán y China tienen también implicaciones geopolíticas que probablemente serán ajustadas después de la muerte del presidente Chávez, ya sea para confirmarlas y acrecentarlas o para acotarlas, atendiendo a las difíciles circunstancias internas, económicas y políticas, por las que transcurrirá la realidad venezolana en los próximos años.
La situación de la Oposición en Venezuela será mucho más difícil después de la elección de Nicolás Maduro que parece un fraude electoral y de que el último canal de televisión que se atrevía a publicar noticias críticas en contra del gobierno, Globovisión, se dio por vencido vendiendo su medio de comunicación ante la imposibilidad de mantenerse operando, resistiendo el asedio del gobierno que determinó negarle la renovación de la concesión y armarle múltiples juicios amañados, y enderezarle cuantiosas multas para doblegarlo.
Por lo que se puede prever, el régimen venezolano en manos de Nicolás Maduro, independientemente de algunos cambios que pudiera instrumentar para su sobrevivencia, seguirá siendo una ficción democrática sin posibilidades reales para la oposición política, para la libre expresión de las ideas y para el ejercicio de la libertad económica por parte de los empresarios venezolanos: una verdadera tragedia de la que resulta difícil imaginar la solución, sin que tenga que pasar ese pueblo hermano por el pago de un costo alto y doloroso.