Aguascalientes, Ags.- Abraham Lincoln, el decimosexto presidente de Estados Unidos, reconocido por muchas de sus acciones y particularmente por sus gestiones encaminadas a abolir la esclavitud, es representado en la más reciente película de Steven Spielberg con una magistral actuación de Daniel Day Lewis.
“Lincoln” está basada en el libro: “Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln”, que relata los cuatro últimos meses de la vida del ex presidente y la división que enfrentó en el segundo periodo de su mandato, cuando se trataba de elegir entre la paz de una nación —azotada por una sangrienta guerra interna— y el restablecimiento de la justicia de una sociedad dividida por el encono racial, al abolir la esclavitud.
La película nos presenta al presidente en varias de sus facetas. Como un hombre que mantuvo la serenidad aun ante la guerra y a la vez conservaba la sensibilidad y preocupación por el dolor de los ciudadanos estadounidenses, sin importar su color de piel.
Convencido de que la abolición de la esclavitud era la única respuesta para un mejor futuro, enfrenta estoica y estratégicamente la división de su propio gabinete.
Sólido, recio, sereno e implacable, “Lincoln” se gana la confianza de su esposa, sus colaboradores más cercanos y hasta sus adversarios, pues la opresión e injusticia provocadas por el absurdo de la esclavitud no pueden ser el precio de la paz o ésta sería aparente, barata e insostenible.
En el filme se le retrata como un padre preocupado por sus hijos, un esposo que buscaba la mejor forma de sacar adelante su matrimonio, un gran contador de historias y una persona imperfecta, que también perdía los estribos de vez en cuando. Solitario y lastimado por la muerte de su propio hijo, este filme nos presenta a un hombre capaz de afrontar y reducir las diferencias.
Además de las extraordinarias actuaciones y la excelente producción con que cuenta, la cinta crea conciencia sobre la actualidad, cuando seguimos siendo testigos —a veces indiferentes— de guerras que representan intereses tan insostenibles como injustos, y que mantienen a hombres y países en pugna por desacuerdos sobre tierras, religión, riquezas materiales y hasta resentimientos históricos.
Asimismo, evidencia que la única manera para superar las diferencias que destruyen la convivencia y la capacidad de desarrollarse es hacer a un lado las pequeñas cosas que nos dividen para buscar la unidad de “verdades más altas”.
Me refiero a esas diferencias pequeñas pero poderosas que pueden hacer que una familia permanezca separada. A la relación de algunos políticos que sobreponen la visión de un partido o de un aspecto de la realidad sin encontrar el camino para construir soluciones a problemas apremiantes.
A los vecinos, ciudadanos que frenan el avance de la comunidad. O a colaboradores de trabajo que no dejan avanzar un proyecto o el desarrollo de los demás por ser incapaces de compartir información, entre otros.
“Lincoln” es una excelente cinta que nos lleva a reflexionar sobre la urgencia que tienen las comunidades, desde las inmediatas hasta las más lejanas, de aceptar que para construir caminos de convivencia y un verdadero desarrollo es indispensable “desprenderse” de los intereses personales que a veces convertimos en “causas irrenunciables”.
Por ello es imprescindible aceptar que debemos ceder en lo secundario para conseguir bienes más importantes y construir sobre verdades mayores. Este es el único camino hacia la reconciliación y a la construcción de una sociedad más digna, pacífica y civilizada.
Cuando seamos capaces de hacer a un lado nuestra visión por una de mayor alcance nos sorprenderemos de lo que podemos ganar cuando soltamos lo que ocupa nuestras manos.