Aguascalientes, Ags.- Cuando Ramón López Velarde (1888 - 1921) escribió su hermoso poema “La Suave Patria”, describió magistralmente a México usando las herramientas de la poesía, con la que captó la profunda esencia de la mexicanidad y con un cierto dejo de alegre tristeza, toca las truncadas esperanzas y las inertes posibilidades del país. Esta poesía escrita en 1920, en un país que no acababa de definirse y que estaba inmerso en una lucha fratricida, representó una esperanza y un bello análisis de la realidad nacional, fruto de un determinismo históricoque se ubica en el peculiaridad de los tres siglos de Colonia.
El libro de Fernando Benítez “Los Primeros Mexicanos” describe la vida de los que pueden ser ya considerados mexicanos, llamados de otra manera criollos, que pronto sufrieron las tentaciones de independencia de la corona española, dada su riqueza y poder que provenía de las mercedes y encomiendas reales, que no eran otra cosa sino una forma disfrazada de esclavitud y explotación llevada a extremos difíciles de entender hoy día. Durante la Colonia, la constante fue la explotación de las riquezas del país por parte de los peninsulares, que formaban verdaderos monopolios detentadores del poder y la riqueza, como ejemplo estaba el llamado Consulado del Comercio, que acaparaba la importación y exportación de la Nueva España, dejando poco a los mexicanos.
La riqueza alcanzada por algunos mineros del siglo XVIII fue impresionante y por lo mismo, fuente de envidia y profundo malestar de la sociedad criolla, que en cuanto se logró la independencia, repitió el modelo de explotación y enriquecimiento. Durante el siglo XIX se creo un modelo económico, por llamarlo de algún modo, que legitimó el enriquecimiento de las clases dominantes con el consecuente empobrecimiento de los dominados. La amalgama de política, poder y enriquecimiento, ha sido la base de los gobiernos que ha padecido el país como independiente y que pasando por el período revolucionario, se continuo hasta nuestros días.
Un héroe admirado por unos y detestado por otros, es el General Porfirio Díaz, que partiendo de una brillante carrera militar hizo otra en la política que lo enriqueció enormemente, era uno de los accionistas más importantes del entonces Banco de Londres y México y dueño de un interesante paquete de acciones de empresas europeas. De los gobernantes revolucionarios solo se puede decir que continuaron con tan funesta práctica, que heredaron a muchos de sus sucesores en las esferas de gobierno. La corrupción y el fraude son la constante en algunos de nuestros gobernantes, de los que se puede sospechar y en otros casos afirmar su escandaloso comportamiento, dicho esto a razón de sus altamente cínicas conductas.
Tenemos el caso del ex gobernador de Coahuila, el señor Humberto Moreira, que llevó a su estado al endeudamiento superior a su presupuesto anual, convirtiendo esta pesada carga financiera en una loza para sus habitantes y por un largo tiempo. Su premio fue la presidencia del PRI, lo que da a pensar quien fue el beneficiario de este dinero; el escándalo fue mayúsculo y ha terminado con una investigación que lo presenta como víctima de los malos manejos de sus colaboradores. Su presionada renuncia a dirigir a este partido, fue recompensada con una beca para estudiar en Europa un posgrado. Esta investigación no quita la mancha al PRI de corrupto, pero ellos apuestan al olvido: en unos pocos años el señor Moreira regresará y su sacrificio le será recompensado, el partido no es ingrato.
Otro ejemplo de la desenfrenada corrupción de otro gobernador priista es el del señor Andrés Granier, ex gobernador de Tabasco que ha sido denunciado por su sucesor del PRD y antiguo priista, Arturo Núñez. Las acusaciones que se le hacen al ex gobernador son del orden de miles de millones de pesos, muchos de los cuales fueron a parar a las cuentas bancarias de su hija, lo que nos permite decir que sin duda forman una bonita familia. Si bien los políticos del tricolor resaltan en este tipo de competencia, de ninguna manera son los únicos que participan en ella. Muy recientemente ha salido a la luz lo que ya se sospechaba y tímidamente se había señalado, me refiero al fraude de la llamada Estela de Luz, que el ex presidente de México pensó que sería el monumento emblemático de las fiesta del Bicentenario de la Independencia. La Auditoría Superior de la Federación ha hecho señalamientos que dejan de manifiesto una gran corrupción solapada por las altas autoridades del festejo.
Del ISSSTE también aparecieron irregularidades en la compra de medicamentos por más de 400 millones de pesos, que parecen de poca monta comparándolas con los gigantescos fraudes mencionados, que alegremente han respaldado los congresos estatales.
De ninguna manera pretendo decir que todos los gobernantes son del mismo corte, sin duda los ha habido y hay que son rectos y han entendido su papel de conductores hacia el bien común ¡ Bravo por ellos! Pero viendo lo que nos ha tocado por las actuaciones de los malos gobernantes, que lejos esta la Patria de “El santo olor de la panadería” que inmortalizó López Velarde.