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Otto Granados Roldán:
- Licenciatura en Derecho, por la Universidad Nacional Autónoma de México
- Maestría en Ciencia Política, por el Colegio de México
Actualmente
- Profesor-investigador de tiempo completo en el Tecnológico de Monterrey
- Co-dirige programas académicos de capacitación para funcionarios públicos en el Centro de Estudios sobre México de la Unión Europea y la Fundación Ortega y Gasset
- Director del Instituto de Administración Pública del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), a nivel de todo el sistema.
- Imparte conferencias y seminarios en México y en el extranjero, y realiza actividades editoriales y de consultoría.
Cargos ocupados
en el Sector Público
- Consejero del Fondo de Cultura Económica y de BANOBRAS
- Secretario Particular del Secretario de Educación Pública
- Oficial Mayor de la Secretaría de Programación y Presupuesto
- Director General de Comunicación Social de la Presidencia de la República
- Gobernador del estado de Aguascalientes (1992 a 1998)
- Consejero de la Embajada de México en España
- Embajador de México en Chile
Aguascalientes, Ags.- F. Scott Fitzgerald escribió que “no hay segundo acto en las vidas americanas”. Pero muchos ex presidentes están probando lo contrario y tanto Calderón como, en su momento, Enrique Peña, debieran apreciar las lecciones aprendidas en ese trance de dejar el poder y empezar otra vida.
La mayoría de ellos, como reacción biológica, se ve tentada, tras su salida, a seguir influyendo, buscar la protección y la valoración de su legado y hacer política desde la periferia. Mientras se dan cuenta de que es ésta la que los abandona van descubriendo que hay que reinventarse y salir al escenario para el segundo acto, que a veces es incluso mejor que el primero. Jimmy Carter, por ejemplo, obtuvo sus mayores éxitos políticos después de su presidencia.
Desde que salió de la Casa Blanca en 2001, Bill Clinton ha dado unos 450 discursos y conferencias por los cuales ha hecho 76 millones de dólares. Por sus memorias, le dieron 15 millones de adelanto y se calcula que ha ganado más del doble por las ventas. Impulsa la Clinton Global Initiative que dice trabajar lo mismo en la reconciliación en Bosnia que en la reconstrucción de Haití.
Fernando Henrique Cardoso, ahora de 80 años, acaba de ganar el prestigioso Premio John W. Kluge que otorga la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, pero no por su presidencia sino por sus contribuciones académicas como sociólogo y economista, y desde Sao Paulo, donde vive, se dedica a criticar a Lula. Ricardo Lagos creó una fundación en Chile, presidió el Club de Madrid, formado por 80 ex presidentes de todo el mundo, y suele tener una producción intelectual muy respetable.
Tony Blair, que dejó el cargo en 2007, ha resultado una máquina de hacer dinero. Para 2011 llevaba levantados más de 35 millones de dólares por conferencias, discursos y asesorías, incluyendo 5 millones que le pagan como consejero del banco JP Morgan y la aseguradora Zurich International, además de una compleja, controvertida y rentable red de compañías que ha creado para asesorar a gobiernos tan dispares como Kuwait y Kazakhstan, y de sus tareas de promoción del diálogo interreligioso. Felipe González es el ex presidente más solicitado en América Latina para ofrecer charlas de cualquier tema, pero además ha salido muy eficaz para operar como broker entre gobiernos de la región e inversionistas potenciales.
Un tercer grupo son aquellos, como los sátrapas árabes, que viven a salto de mata, con el profundo terror de acabar humillados y ensangrentados.
Y el último colectivo lo forman aquellos que no supieron hacer otra cosa, desaparecieron del mapa público, se recluyeron en sus casas a rumiar la amargura de la pérdida de poder, a padecer el abandono de los amigos, las ingratitudes y la depresión ante un teléfono que ya no suena. Son los que ya ni rencores suscitan.
Cada cual, a su manera, fueron muriendo poco a poco.
Dentro de un año, Felipe Calderón ya no será presidente de México. ¿Cuál será su segundo acto?