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ANÁLISIS POLITICO DE TEMAS DE COYUNTURA
Semana Política

Cidac
Centro de Investigación para el Desarrollo, A. C.
  • La cuenta regresiva
  • Reflexión 2012: ¿y la política exterior?
  • Una mirada a lo local: Chiapas
2012-06-15

La cuenta regresiva

La campaña electoral para Presidente de la República llegará a su fin en menos de dos semanas. Este proceso electoral se ha caracterizado por mostrar a un candidato puntero, Enrique Peña Nieto, quien ha conservado –según la mayoría de las encuestas—una ventaja de doble dígito respecto a la intermitencia del segundo lugar entre Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador.

En los últimos días, tanto panistas como izquierdistas han intentado posicionar ante la opinión pública, cada cual por su cuenta, una imagen sólida de su candidato con la intención de lograr capitalizar el fenómeno de "antipeñismo" que ha sido un elemento destacado en esta temporada electoral 2012. Sin embargo, dado que en esta campaña se han movido poco las tendencias y queda poco tiempo previo al 1 de julio, es pertinente preguntarse si aún existen factores que podrían modificar el estado actual de las preferencias electorales y cuáles son las probabilidades de que estos ocurran. En su momento, también será pertinente entender por qué Peña logró la ventaja que ha caracterizado a esta campaña: qué parte es producto meritorio de su actuar y cuál de otros factores que le beneficiaron (o perjudicaron a sus contrincantes).

El primer factor a considerar será el efecto que tenga el debate realizado en Guadalajara el pasado 10 de junio. Más allá del seguimiento cotidiano de Milenio/GEA-ISA, no tenemos mediciones realizadas tras al evento. En este sentido habrá que ver si la "estrategia de contraste" de la candidata del PAN se traduce en un aumento de sus preferencias electorales o si la capitalización de votos se dará hacia el abanderado de la izquierda gracias a su moderación en el debate. Siguiendo esta línea, el debate organizado por #YoSoy132, el cual se realizaría en los próximos días, podría ser otro evento relevante. Ante la negativa de asistir del candidato del PRI, Vázquez Mota y López Obrador tendrían un buen escaparate –pero potencialmente con poca audiencia- para agenciarse un voto que será muy importante en estos comicios: el de los menores de 29 años. Un tercer factor a tomar en cuenta es la posibilidad de que se sigan destapando escándalos relacionados con altos funcionarios y ex funcionarios del PRI, como es el caso de los presuntos vínculos con el crimen organizado de ex gobernadores como Fidel Herrera (Veracruz) y Tomás Yarrington (Tamaulipas), o las notas dadas a conocer por The Guardian sobre la relación entre Peña Nieto y Televisa. No obstante, es imposible saber si noticias de esta naturaleza serían suficientes para cerrar la elección. En cuarto término, desde la noche del debate, el presidente Calderón, primero en Twitter y luego en diversos foros en vivo, ha incrementado su participación en el entorno electoral. Algunos dicen que esta intervención está presentándose muy tarde si se pretende ayudar a la candidata de su partido. Otros argumentan que la influencia del mandatario nunca llega en mal momento y no debe desestimarse, sobre todo cuando Calderón afirma que la elección aún es asunto de tres. Finalmente, las encuestas comenzarán a tener mayor injerencia en el ánimo de los electores, en especial de los indecisos.

En suma, ¿qué tanto podrían cambiar las preferencias en los últimos días de la campaña? Históricamente, han sido muy extraños los casos en los cuales tendencias tan claras como las que aparentemente se están dando en México se reviertan. Ahora bien, tal como declaró el coordinador de los diputados federales priistas, Francisco Rojas, la elección todavía no tiene lugar y por ello no está definida. Al final, todo depende del voto en las urnas, no de las "instantáneas" que han tomado las casas encuestadoras a lo largo de la campaña. Veremos.

Reflexión 2012: ¿y la política exterior?

Uno de los temas tratados en el segundo debate presidencial fue titulado "México en el mundo". Aunque los candidatos tocaron algunos asuntos relacionados con ello de manera breve y, por cierto, con mucho menos sustancia que otros, el espacio sirvió como "minutos libres" para emitir descalificaciones, denuncias y golpes. No es motivo de este análisis recapitular los ataques proferidos en ese lapso del debate, pero sí vale la pena reflexionar acerca de por qué quienes aspiran a ejercer el cargo más importante constitucionalmente en el ejercicio de la política exterior del país, la desestiman tanto. Una posible explicación para ello es cómo ésta ha ido poco a poco dejado de ser un elemento estratégico en términos diplomático-políticos e, incluso, sociales, y se ha privilegiado el enfoque más económico de la misma encarnado en la amplia red de tratados de libre comercio.

En los primeros años de la administración foxista, el entonces canciller, Jorge G. Castañeda, impulsó un activismo de México en el exterior con una diferencia fundamental respecto al ejercido en la época del régimen priista (aunque con menor intensidad en el gobierno de Ernesto Zedillo): un despliegue internacional amplio pero aunado a una clara convicción de la necesidad de abiertamente consolidar al país como aliado político y comercial de Estados Unidos. Dicha visión tuvo un poderoso sustento en el TLCAN y la intención del primer gobierno de la alternancia por maximizar sus beneficios. Esto, entre otros, se reflejó en dos temas de por sí complejos: la migración y la relación con Cuba. Para bien o para mal, la diplomacia México-La Habana fungió como pivote de las relaciones interamericanas durante la Guerra Fría. Con ello, México consolidó su papel de intermediación entre Washington y Latinoamérica, generando una dinámica que hoy el PRI y el PRD parecen extrañar y constituye su mayor reclamo a los gobiernos panistas. Castañeda y Fox, investidos en la retórica de la defensa de la democracia y los derechos humanos, no tuvieron el menor empacho en degradar la relación con Cuba, lo cual se dio en el marco de una serie de incidentes de no muy grata memoria. Esto no sólo dañó ese vínculo particular, sino que también fue parte de la implementación de una tesis, vehementemente defendida por Castañeda en los últimos años, de disminuir la importancia del sur del continente en el despliegue de la política exterior y enfocar baterías en el norte. Si a esto se añade las tradicionales dificultades que ha tenido el mercado mexicano de expandirse y complementarse con sus competidores en la región como Brasil o Argentina, la política exterior en general hacia América Latina entró, por decir lo menos, en una "desaceleración".

Sobre el tema de migración, Fox puso como uno de sus temas de atención prioritaria la negociación de un amplio acuerdo en la materia con Estados Unidos. Aunado a muchos otros factores internos en aquella nación, los atentados del 11-S terminaron con cualquier esperanza de avanzar el asunto. De esta manera, la comunidad de mexicanos en la Unión Americana se sintió de nuevo abandonada y, hasta cierto punto, traicionada por quienes se supone resarcirían el daño que el régimen autoritario les había propinado al empujarlos hacia el desarraigo ante la falta de oportunidades en su propia tierra. A pesar de ello, algunos programas continuaron, pero no tanto en el exterior sino dentro de México, como el 3x1 en beneficio de localidades expulsoras de migrantes, llevado desde la Secretaría de Desarrollo Social, entonces liderada por Josefina Vázquez Mota. De hecho, esta etapa profesional de la hoy candidata presidencial panista tiene sus repercusiones en la actualidad ya que ella ha sido la única en retomar la agenda de los migrantes. Sin embargo, el impacto electoral de este sector de la población mexicana ha ido disminuyendo, tanto por su decepción de la transición –la cual los terminó de olvidar con el asalto de la agenda de seguridad a la relación México-Estados Unidos—, como por su más firme interés en arreglar su situación allá donde han encontrado oportunidades de desarrollo, que intentar regresar a una tierra que, desde su perspectiva, les sigue siendo agreste.

Una mirada a lo local: Chiapas

El 11 de junio, Ulises Alberto Grajales, candidato del PRI a diputado federal por el distrito X en Chiapas, asesinó en la cabecera municipal de Villaflores a un individuo mientras éste destruía propaganda del priista. Un episodio que parecería atípico en otros estados, en Chiapas parece un hecho casi natural, característico de una entidad bronca en términos político-electorales, económicos y sociales.

La entidad más meridional del país no sólo se caracteriza por su mosaico diverso de comunidades indígenas y la presencia de un puñado de familias caciquiles de origen europeo, sino también por su latente riesgo del surgimiento o reaparición de grupos anti-sistema, la existencia de zonas de migrantes claramente ingobernables, una alta penetración del narcotráfico, y constantes riñas entre grupos religiosos.

Desde la llegada del EZLN a la escena nacional en 1994, los mandatarios chiapanecos han sido beneficiados por importantes inyecciones de recursos desde el gobierno federal, a fin de hacer frente a posibles focos de inestabilidad. El actual gobernador, Juan Sabines, no ha sido la excepción. Entre 2006 y 2010, las aportaciones federales al estado se incrementaron en 23%, mientras que la deuda pública habría aumentado más de 1200% en los últimos seis años. Asimismo, el sexenio sabinista ha visto un alza de 32% en su gasto corriente –que incluye sueldo y prestaciones a funcionarios, gastos operativos, subsidios y transferencias. En contraste, el gasto en inversión disminuyó en 21%, un hecho duro que explica por qué el crecimiento económico ha sido tan limitado pese a las nada despreciables cifras de entrada de recursos a la entidad.

Bajo este contexto y múltiples denuncias por parte de empresarios, periodistas y ciudadanos, en materia de derechos humanos y críticas a la centralización del poder del gobierno de Sabines, se llevará a cabo el próximo 1 de julio la elección de gobernador, 118 presidentes municipales, y 40 diputados del congreso local (24 uninominales).

Según las encuestas (Parametría y Buendía & Laredo), Manuel Velasco Coello, senador con licencia del Partido Verde Ecologista de México (y nieto de un exgobernador), tiene una muy amplia ventaja en las preferencias para la elección de la gubernatura, con más de 40 puntos por arriba de María Elena Orantes (hasta hace unos meses senadora del PRI) de la coalición de izquierda. En este sentido, la candidatura de Velasco tiene dos vistos buenos relevantes: su postulación en alianza con el PRI y el beneplácito del gobernador Sabines, quien llegó al poder en 2006 bajo una coalición de izquierdas.

Aunado a la capacidad de centralización de poder de Sabines en la entidad, la candidatura de Velasco se ha fortalecido por la división y debilidad de la oposición en la entidad. Mientras que la salida de Orantes del PRI no fracturó la disciplina partidista, sí ocasionó una migración de perredistas afines a Sabines hacia las filas del PVEM, lo cual también ocasionó un enfrentamiento en tribunales entre las dirigencias estatal y nacional del PRD. Si bien el respaldo de López Obrador a la candidatura de Orantes pudo darle cierto impulso, éste dista de ser suficiente para acortar distancias con Velasco. Tampoco se debe olvidar que otros aliados detrás de Sabines y Velasco son Enrique Peña Nieto y Luis Armando Melgar. Este último es candidato al Senado por la coalición PRI-PVEM, ex director de Proyecto 40 (TV Azteca) y ex presidente de Fundación Azteca en Chiapas, es decir, con la marca plena del Grupo Salinas. Melgar ha sido señalado como pieza fundamental en la articulación de la candidatura de Velasco, además de ser clave para el desarrollo de diversos proyectos en la entidad que, aun cuando tienen participación de otros entes corporativos como Carso y Banamex, están vinculados con las empresas de Ricardo Salinas Pliego.

La potencial victoria de Velasco tendría implicaciones más allá de lo local. Recordemos que, dado el acuerdo de coalición con el PRI, el PVEM requiere conseguir un número de votos determinado para posicionarse tanto como partido político nacional –principalmente por cuestiones de acceso al financiamiento público— y a fin de obtener un porcentaje adecuado de legisladores federales plurinominales. La "campaña verde" de Enrique Peña Nieto ha tenido un impulso muy fuerte en Chiapas. Del mismo modo, cabe indicar cómo varios personajes vinculados con Grupo Salinas han encontrado en el PVEM una puerta abierta a sus aspiraciones políticas. Si a ello se le suma la capacidad de penetración de los proyectos y empresas de dicho grupo empresarial (por ejemplo, Elektra, Banco Azteca, Salinas y Rocha, y hasta el equipo de futbol profesional con sede en Tuxtla Gutiérrez), el Partido Verde y sus aliados podrían estar consolidando un reducto particular en aquel estado. Nadie da paso sin huarache.

 
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