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La importancia de las buenas lecturas
2012-06-04

Aguascalientes, Ags.- He dado clases a alumnos de secundaria por muchos años. En forma permanente he tratado de infundirles el hábito de la lectura, así como buscar diversas maneras de motivarlos.

Recuerdo que, en cierta ocasión, cuando se puso de moda la película “El Señor de los anillos” basada en la magistral obra de J. R. Tolkien les pregunté en clase a un grupo de alumnos:
-Por favor, ¿podrían levantar la mano los que ya la vieron? –prácticamente todos la alzaron.
- Ahora díganme, ¿quiénes han leído los tres tomos de este autor inglés?
Sólo dos comentaron que la habían leído. Me dirigí a ellos y les cuestioné:
-¿Qué diferencias notaron entre la película y la trilogía de libros?
Y contestaron con rapidez:
-Que el escritor maneja a muchos más personajes y se narran otras emocionantes historias. Es interesante el original alfabeto de la lengua que hablaban los “elfos”, lo mismo que los mapas de geografía de esas tierras imaginarias que presenta. Además, relata numerosas anécdotas y hechos divertidos que no recoge la película…
Y añadí:
-Si hacemos una comparación entre los tres tomos de “El Señor de los anillos” y la película, ¿qué porcentaje incluye el filme de lo que se narra en esta obra literaria?
-Quizá sólo un diez por ciento, contestaron los alumnos.

Obviamente, eso provocó un gran interés de los alumnos por adquirir cuanto antes y leer esa célebre novela de ciencia ficción.

Luego conseguí un buen donativo de libros para la biblioteca del Centro Escolar con otras obras clásicas para los jóvenes: Julio Verne, Emilio Salgari, Gilbert K. Chesteron (la serie del Padre Brown, que presenta a un original y divertido detective), Charles Dickens, Arthur Conan Doyle (el inolvidable autor de “Las aventuras de Sherlock Holmes”) y muchas otras obras de suspenso o mucha acción.

El resultado fue que paulatinamente se logró que vencieran el mito de que “leer es difícil” o una tarea cansada y aburrida. Porque en anteriores clases, cuando les exponía algunos temas de actualidad, por ejemplo, drogadicción, alcoholismo, noviazgo, matrimonio y sexualidad, las sectas… Solía recomendarles que leyeran algunos libros sencillos y folletos. Pero invariablemente, varios alumnos me solían preguntar:
-¿Qué no habrá un buen DVD que resuma todo lo que usted ha dicho y así nos evitamos el tener que leer?

Entonces les explicaba lo siguiente: imagínense que su cerebro es como el perfecto motor de un fino automóvil. Cuando ustedes se sientan frente al televisor simplemente miran y a lo sumo se quedan con una o dos ideas, habitualmente vagas o confusas.

En cambio, ¿qué facultades se potencian cuando cultivamos el hábito de la lectura? En primer lugar, la inteligencia. Tenemos una mente poderosa que es capaz de razonar, reflexionar, resumir, asociar y almacenar infinidad de datos.

Hoy en día -más que nunca- debemos de tener convicciones firmes y ser congruentes en nuestras vidas, pero eso sólo se logra con el estudio y las lecturas formativas.

En segundo lugar, es impresionante cómo la lectura nos conduce a maravillosos mundos que nunca hubiéramos pensado descubrir. Además potencia la imaginación, la creatividad, la inventiva, la memoria…

Por si fuera poco, casi como por ósmosis -aunque hay que acudir al diccionario-, vamos mejorando en nuestro vocabulario, en ortografía, en sintaxis y, como consecuencia de ese hábito, podremos expresarnos mejor de palabra o por escrito.

Cuando les hablaba de que su cerebro era como un “perfecto motor” que tenían que aprovecharlo al máximo y cuidaran de que no se “oxidara” viendo sólo televisión, notaba que esos argumentos les hacían reflexionar.

También, les proponía otra consideración que les calaba bastante: la gran mayoría de ustedes estudiarán una carrera profesional e incluso una maestría. Eso requiere necesariamente que, desde ahora, vayan fomentando el hábito de la lectura; de lo contrario, no podrán salir adelante con sus deberes como estudiantes o serán unos mediocres profesionistas.

Y concluía: -Les aclaro que a mí el cine, el teatro y el uso de la internet me apasionan. Realmente disfruto mucho cuando en un filme se maneja un buen argumento, se tiene una excelente actuación o un magnífico guión cinematográfico. ¡Las películas con valores son también formativas! Pero el hábito de las buenas lecturas resulta insustituible para su formación humana e intelectual porque el alimento de la razón es la verdad y ésta se obtiene de modo fundamental con los libros.

Recuersos de mi infancia y adolescencia

Me acuerdo también que mis padres, a todos mis hermanos, nos consiguieron un buen número de enciclopedias y libros adecuados para esas tempranas edades, que explicaban por ejemplo, temas cruciales de la historia universal y biografías de grandes personajes; el mundo animal, vegetal, la vida submarina; los grandes descubrimientos y la obra de algunos destacados científicos; la conformación del universo; nociones de física, química, biología…todo ello presentado en plan ameno y atractivo.

Cuando teníamos que elaborar un trabajo escolar sobre geografía, por ejemplo, y acudíamos a solicitar ayuda a nuestros padres. De inmediato nos decían:
-¿Ya consultante este tema en algunas de las enciclopedias?

Era una forma amable de educarnos para que no nos fuéramos por el camino fácil, sino más bien que cada uno tomáramos la iniciativa, venciéramos la pereza y nos animáramos a investigar con detenimiento un tema. Luego, si había alguna duda, se las preguntábamos.

Mi hermano Arturo y yo –que somos casi de la misma edad- nos aficionamos a los diversos episodios de la Segunda Guerra Mundial. Cambiábamos impresiones sobre las numerosas batallas en Europa, África y en el Pacífico. Repasábamos la vida de los generales más destacados, las estrategias empleadas para conseguir la victoria en una determinada contienda militar. Arturo sentía gran admiración por el Mariscal alemán Erwin Rommel, quien se distinguió por sus destacadas estrategias en Libia y Egipto y sabía casi todo sobre su vida.

Recuerdo que cuando surgía una polémica sobre un determinado personaje o un hecho histórico concreto, ganaba la discusión quien defendiera su argumento apoyándose en un libro específico.

¿Qué pretendo con narrar esta anécdota? A que los libros se deben convertir en “nuestros buenos amigos”, verlos con familiaridad y, ante cualquier duda, acudir a ellos para aclarar una cuestión determinada.

También tenía a un profesor de sexto de primaria, el Profesor Francisco Duarte, que habitualmente nos sugería un texto para leer y nos pedía, que el fin de semana, redactáramos una reflexión con base a lo leído. Ese pequeño ejercicio semanal, pienso que a todos los compañeros de clase nos sirvió para que posteriormente participáramos en concursos de oratoria, de debate, de poesía, a escribir pequeños artículos en el periódico escolar…

Seleccionar bien las lecturas

Así que el hábito de leer es fundamental para el armónico desarrollo de la personalidad y de las capacidades intelectuales. Pero, ¿por qué no es conveniente leer cualquier libro que llega a nuestras manos? Por la misma razón que no acudimos a beber agua de las fuentes públicas o a comer en establecimientos callejeros, en los que dudamos seriamente sobre sus normas de higiene y salubridad.

Y es que los libros no sólo informan sino que forman criterio, opiniones y patrones de conducta. De allí la importancia de seleccionar bien las lecturas, máxime si consideramos que habitualmente no se tiene demasiado tiempo para ello, bien por las prisas citadinas, o porque tenemos que cumplir con otros deberes y responsabilidades.

Por otra parte, desde el punto de vista científico, ¿el hábito de la lectura puede beneficiar a la actividad neuronal? Sin duda. Me comentaba el reconocido Neurólogo, Dr. Rafael Dovarganes lo siguiente: “En mi experiencia de más de medio siglo de trabajo en mi especialidad médica, he comprobado que con ese estupendo hábito se mantienen en continua actividad y dinamismo las neuronas. Una persona que lee diariamente; que medita los textos; que reflexiona y procura redactar algunas de sus conclusiones; que procura asociar lógicamente las ideas; que tiene a su disposición libros de consulta; que practica idiomas para ejercitar su memoria, etc., tiene su cerebro siempre ocupado, trabajando y es menos propenso a que le sobrevengan trastornos emocionales o enfermedades neuronales degenerativas con el paso de los años. Es una actividad que invariablemente les recomiendo a mis pacientes, particularmente si son mayores”.

En definitiva, un buen libro es un amigo y un maestro; es la mejor manera de aprovechar el tiempo y vencer el ocio; es el pan de la inteligencia que ilumina las conciencias y forja el criterio. Como escribía el célebre poeta Rubén Darío: “El libro es fuerza, es valor, es poder; es alimento y antorcha del pensamiento…”.

 
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