Poco después de las siete de la mañana del domingo primero de abril falleció en el Hospital Español de la Ciudad de México el ex Presidente de México Miguel de la Madrid Hurtado.
Muchos mexicanos aún no habían nacido o no recuerden el tiempo en que de la Madrid estuvo a cargo del Ejecutivo Federal ni los problemas que vivía México cuando le correspondió asumir el poder, pero por testimonios directos o por los análisis históricos de la época podrán saber que su principal misión fue recomponer al país después de dos sexenios que algunos han catalogado como “la docena trágica”.
Al llegar a la Presidencia, Miguel de la Madrid se encontró con un país destrozado no solamente en lo económico y en lo financiero sino especialmente en la cohesión social, y en la confianza, que terminó perdida totalmente después de los abusos cometidos por Luis Echeverría y José López Portillo.
Tres meses antes de rendir protesta ante el Congreso, Miguel de la Madrid, ya como Presidente Electo, se enteró de la medida hasta el momento en que José López Portillo anunció la nacionalización de la banca durante su último informe de gobierno. Como funcionario de carrera en el sector hacendario y económico, de la Madrid fue el interlocutor de los dueños de los bancos, que se vieron desposeídos de sus empresas sin mediar aviso alguno, y entre sus funciones principales antes de asumir el poder estuvo la de tranquilizar a los inversionistas nacionales y extranjeros en reuniones privadas aunque extraoficiales.
Los últimos días del sexenio de López Portillo fueron una vorágine y no solamente en lo económico y financiero. Como nunca en la segunda mitad del siglo pasado, los rumores incluso de golpe de estado corrían a mañana y tarde, y las noticias de la mañana eran rebasadas por la tarde.
Una de sus acertadas decisiones, antes de asumir el cargo de Presidente, fue convencer a López Portillo de poner al frente de la banca nacionalizada a personas de probada capacidad profesional y de un prestigio personal por encima de cualquier duda. La llegada de figuras como Antonio Ortiz Mena, José Juan de Olloqui, Fernando Solana y Francisco Vizcaya Canales a las direcciones generales de los bancos nacionalizados ayudó a calmar la inquietud de inversionistas y clientes.
Seis años después, al dejar el poder a Carlos Salinas de Gortari, tanto de la Madrid como su esposa volvieron a su vida habitual en la casona de Francisco Sosa en Coyoacán y eran saludados con aplausos por los vecinos y por quienes coincidían con ellos en algún restaurante o comercio. Y no es que su sexenio haya sido lucidor ni digno de especial mención, ya que las más altas tasas de inflación, la caída del PIB y algunas de las devaluaciones más traumáticas se dieron en ese tiempo.
La receta de de la Madrid para recobrar parte de la confianza perdida fue llevar un gobierno austero, y comenzar a poner orden en las destrozadas finanzas nacionales, además de mantener un bajo perfil de exposición personal, que se completó con una discreción exquisita de la esposa del Presidente; muy de agradecer luego de los excesos cometidos por las anteriores primeras damas.
En los últimos años, la salud del ex Presidente dio en varias ocasiones señales de alarma, que llevaron incluso a especular con su muerte en algunas ocasiones. Finalmente, el primero de abril falleció uno de los ex presidentes de México más respetados y admirados.