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Aguascalientes, Ags.- En los cines de nuestro país se estrenó el documental “De panzazo”, un proyecto de “Mexicanos Primero”, organización que maneja como premisa que sólo la educación de calidad cambiará México y que enfatiza la importancia de que haya voces críticas y propositivas. Está dirigida por Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola y se desarrolla en escuelas de diferentes puntos de nuestro país, como Ciudad Juárez, Yucatán, Morelia, Chiapas, Guerrero, en Naucalpan (estado de México) e Iztapalapa en el Distrito Federal.
Es una película que hay que ver con actitud crítica y con un cedazo mental que filtre la manipulación y el marcado sesgo en contra del magisterio.
El tema es muy atractivo porque todos, en mayor o menor medida, pueden emitir una opinión sobre el estado que guarda la educación en nuestro país y no únicamente por la experiencia, sino por las cifras publicadas que demuestran los malos resultados que se han estado obteniendo en los exámenes nacionales e internacionales.
El documental analiza los distintos escenarios en los que se mueven los actores que intervienen en la educación, incidiendo en lo malo y logrando que el espectador, a pesar de algunas escenas simpáticas con los alumnos, salga del cine con un gran pesimismo y sin esperanza de que las cosas puedan cambiar. Y es que cuando alguien sólo busca lo negativo se volverá ciego para lo positivo.
Hay propuestas muy generales, asépticas, sin compromiso. Con un discurso final plano y aburrido, en el que se responsabiliza a la sociedad en su conjunto de la desastrosa situación de la educación en México, sin que convenza demasiado porque todo el documental focaliza la culpa, de manera tácita o explícita en los maestros, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y en su dirigente, la Maestra Elba Esther Gordillo. Pero es tan evidente el trasfondo político de la trama, que debilita el mensaje y le quita la fuerza que proporciona la imparcialidad.
Carlos Loret de Mola, como representante de los medios, tampoco se compromete ni formula posibles soluciones a una problemática tan compleja.
Sabemos que la familia es la principal responsable de la educación de los hijos y que la escuela sólo colabora en esta tarea, pero sabemos también de la influencia tan importante que tienen los medios de comunicación en la educación informal. Es por ello que resulta extraño que utilicen toda su fuerza en denunciar lo mal que está la educación, cuando por otro lado son los medios los que en muchas ocasiones destruyen valores que se están tratando de construir en la familia y en la escuela. Promueven conductas violentas y llenas de antivalores, sin que en este documental se vea crítica al respecto y mucho menos, propuestas concretas para ser parte de la solución.
Esta película pretende crear golpes de efecto, apostándole al sensacionalismo y las emociones, dejando a un lado el análisis serio desde distintos puntos de vista, y sobre todo, eludiendo señalar aquello que sí se está haciendo bien. No creo que los malos maestros vayan a cambiar por un documental en el que se exhibe su indolencia y poco compromiso con su misión. En cambio, los que sí son buenos maestros se sentirán injustamente tratados al ser incluidos en el mismo colectivo y juzgados de la misma manera.
El sistema educativo mexicano se ha visto obligado a participar en organizaciones mundiales que le exigen una serie de parámetros, sin tomar en cuenta las condiciones sui géneris del mismo y sin haber sentado las bases para un cambio profundo que le permitiera estar a la altura.
Pareciera que dañar la fama de los educadores es lo que se pretende con este documental porque toca severamente su honor. Todos sabemos de la influencia y el liderazgo que tienen la mayoría de los maestros y ésta puede ser una de tantas formas de silenciarlos. Deteriorar el prestigio de los docentes mexicanos no mejorará el sistema educativo de nuestro país, al contrario, la sociedad les perderá el respeto y los dejaremos sin autoridad moral para educar a nuestros hijos, algo que ya está empezando a ocurrir.
Los políticos y legisladores han actuado con apatía ante este problema en aras de evitar confrontaciones. Es muy cómodo juzgar y denostar al magisterio sin que las autoridades, que tienen en sus manos los recursos y el poder para corregirlo, quieran intervenir. Nadie se atreve a luchar de frente y se recurre a quejas y evasivas permanentes, mientras esperan que alguien con valor tome la estafeta y le plante cara al problema.
Pero las quejas sin propuestas se convierten en lamentos y en México ya hay demasiados lamentos, así que es tiempo de actuar con proyectos concretos, tal vez legislando, modificando y de ser necesario refundando algunas organizaciones que no han permitido que el país se desarrolle adecuadamente y sobre todo que la educación fluya como debiera.
Hay mucho por hacer, es cierto, las cosas deben mejorar y hay que trabajar para lograrlo, cada quien desde su trinchera, y seguramente son nuestras autoridades junto con los maestros y su sindicato quienes tienen la mayor parte de la solución. El problema del bajo nivel de la educación en México nos atañe y nos compromete a todos, a unos más que de otros, pero desde luego que destruir la reputación de los maestros no es el camino.
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