Aún suceden cosas
de Salvador Pliego
I
En tu ausencia,
aún suceden cosas:
Hay pájaros serpientes devorando colosales piedras.
Árboles de gubia que se talan a sí mismos.
Andrómedas que bajan a la tierra
y escupen fuego de la cornisa de sus alas.
Mil ciempiés de lunas y de agave saturando
resquicios de una historia que fuera de batalla.
Olímpicos diablillos que son como arbustos
picoteando cuanto objeto pasa por sus manos.
Todo pasa,
mientras yo me escondo y mi piel se vuelve colorada.
Estoy, y sin quererlo me desprendo de mi espacio…
A fin de cuentas mis raíces se expanden en el suelo
buscando líquidos vitales.
En tu ausencia,
aún suceden cosas.
¿Lo ves? ¿Lo notas?
Y regresas y todo vuelve a estar en calma.
Entonces me acurruco en tus brazos
a seguir soñando mil batallas.
II
En tu ausencia,
has de notarlo,
aún suceden cosas.
Y el soñarte es vital cuando te ausentas.
El decirte que tus rasgos aún de noche no terminan
y se expanden como luces por mi mente.
Yo lo noto,
has de saberlo,
que me llueven las sonrisas
y cada una se exalta si la miras.
Aún sucede que tu voz me arrima.
¡Yo lo sé!… Y que me aviva.
Y que tus ojos me abren los espacios,
me cierran más miradas,
me nutren de campanas,
me hierven en las manos.
Aún sucede que te llevas mis caricias
y son devueltas de tus brazos más crecidas.
¡Yo lo sé!… ¡Lo he notado!...
Aún suceden cosas cuando digo que te amo.
III
Aún sucede
que detrás de ti
te llevas estos ojos para cultivarlos.
Me pinta tu silueta el iris de avellanas.
Me siembra de montañas las curvas de tus faldas.
Me satura de equinoccios tu forma sin tocarla.
Me llevas por los fresnos cultivando tus meneos.
Aún sucede, tras de ti,
que me llevas de la boca
y no encuentro forma de cerrarla.
IV
Y el amor tiene esa picardía de tu lengua:
fresca, aromática y con fermento de existencia.
Aún suceden cosas,
¿lo sabías?...
que tu lengua a mí me sabe a alegría. |