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HETERODOXIAS

¿Menos escolaridad,
más educación?

2012-08-13

Aguascalientes, Ags.- Por regla general, los presidentes aprovechan el inicio del ciclo escolar para desgranar una retahíla de números que, según ellos, evidencian los logros de su mandato: avances en cobertura, escuelas construidas y rehabilitadas, mejoría salarial de los docentes, becas otorgadas y así sucesivamente. Es un ritornello que se escucha desde hace seis o siete décadas y que ya no da más porque el mundo cambió y las necesidades educativas del país tienen ya poco que ver con esa retórica o, con más propiedad, con esa estafa.

Hay por lo menos dos fenómenos que parecen revelar las disfunciones por las que pasa el sistema educativo.

Uno, llamado “devaluación educativa”, consiste en la pérdida de importancia de ciertos niveles académicos cuando se expande la cobertura y se generaliza su obtención; allí es donde se equivocan los funcionarios: aunque en la superficie los incrementos cuantitativos lucen bien, la evidencia sugiere que para los individuos significa que deben cursar más años de estudios formales para acceder a ocupaciones crecientemente mediocres o para alcanzar salarios similares a los que la generación precedente tenía con menos escolarización. En otras palabras, como ha concluido la CEPAL, “el proceso de devaluación de la educación se traduce, para cualquier nivel específico, en una reducción del nivel de bienestar”.

Ello explica el otro fenómeno: hoy, una educación eficaz para la vida productiva reside en los contenidos, el desarrollo de capacidades y la calidad. Véase lo que pasa, por ejemplo, con la productividad.

En los últimos treinta años, el crecimiento de la productividad mexicana ha sido negativo y aunque la mala educación no es la única causa, sí parece responsable, en parte, de eso que suele llamarse “la trampa del ingreso medio”, es decir, cuando se observan mejorías económicas y salariales rápidas basadas en la exportaciones de materias primas o manufacturas de bajo valor agregado, pero que se detienen o incluso retroceden principalmente porque la productividad no aumenta ni, por ende, promueve una economía más diversificada y con mejores empleos.

Dicho de otro modo: lo que están haciendo ahora los países con mejor desempeño, en ese terreno, es importar talento de donde lo haya y los países que generen ese talento pero no innovación ni crecimiento sostenido, lo exportarán.

No es casual que, de acuerdo con el Center for Global Development, uno de los mejores think tanks del mundo en investigación educativa, 15% de los mexicanos con educación terciaria ya vivan fuera del país, entre otras razones porque si las necesidades laborales de una planta productiva más sofisticada tecnológicamente, donde quiera que esté, van más rápido que la oferta de un sistema educativo concentrado principalmente en la cobertura, inevitablemente se genera un drenaje de capital humano en una dirección u otra: los expulsa o los atrae.

Para el caso mexicano esto ya no es sólo un grave obstáculo al crecimiento competitivo sino peor aún: es un dique a la inclusión y a la equidad.

 
Reproducido con autorización de La Razón
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