Por disposición fiscal, a partir del año 2011 la facturación de las empresas deberá ser electrónica.
Aparentemente, esta medida complicaría la operación de las empresas y de los causantes. Sin embargo, la realidad demuestra que simplifica la facturación, el control del cobro, y la presentación de declaraciones al SAT.
Facturar de manera electrónica representa también un importante ahorro respecto de la facturación tradicional hecha en papel. Este ahorro es especialmente importante para aquellas empresas que tienen grandes volúmenes de facturación dado el tipo de transacciones que realizan.
La facturación electrónica ha demostrado ser ventajosa en los países desarrollados, que tienen ya varios años de exitosa experiencia en este tipo de comprobación fiscal.
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