Es tan hermosa, tan cautivadora, tan natural e innovadora que pudiera pensarse que los años no pasarían por ella. Pero los tres cuartos de siglo le pesan a cualquiera, aunque sea una de las construcciones emblemáticas de la Arquitectura. Nnos referimos a la Casa Kaufman, también conocida como “La Casa de la Cascada”.
En la década de los años 30´s, Estados Unidos se reponía de la Gran Depresión y el hijo de un rico empresario de Pittsburgh hacía sus prácticas profesionales en el despacho de Frank Lloyd Wright, que comenzaba a fraguar su leyenda en la arquitectura norteamericana.
La cercanía que representaba el que su hijo trabajara en el despacho hizo que aquel empresario, Edgar J. Kaufmann, les pidiera un proyecto para reemplazar una sencilla cabaña que la familia tenía en un lugar paradisiaco: un arroyo en los bosques cercanos a la ciudad.
Cuentan las crónicas que el día en que había de presentar el proyecto, Lloyd Wright no disponía ni siquiera de un boceto o una maqueta para mostrar, aunque tenía ya en mente lo que habría de ser una de las construcciones emblemáticas de su época y que a 75 años de distancia sigue siendo admirada por miles de visitantes que año con año acuden a conocerla.
Y es que el proyecto de Lloyd Wright efectivamente fue revolucionario no solamente por lo que se refiere a los materiales utilizados: concreto, acero, vidrio… sino por la manera de conectar su idea con la naturaleza, en una suerte de ensamble muy afortunada desde el punto de vista estético y funcional.
En lugar de proponer una casa junto a la cascada, como fue la petición de Kaufmann, sugirió construir “una casa encima de la cascada”.
Cuentan también las crónicas que era tan audaz para su tiempo la estructura, que al momento de quitar las cimbras tuvo que ser el propio Lloyd Wright quien interviniera, pues sus operarios no estaban seguros de que se sostuviera en pie.
En otra más de las versiones acerca de la casa, se dice que una vez que recibió la casa, Kaufmann encargó de manera discreta, para no enterar a Lloyd Wright, que se reforzaran las estructuras.
Y es que a cualquiera pudiera darle un cierto temor habitar la Casa de la Cascada, pues aparentemente no hay un punto de sostén para las enormes superficies que salen de la roca y forman sus tres niveles. Wright Lloyd consiguió ocultar unos anclajes que llegan hasta empotrarse en las rocas y que sostienen el conjunto.
En honor a la objetividad, hay que mencionar que en sus años de existencia, la Casa de la Cascada ha tenido que ser reforzada en su estructura en más de una ocasión, ante el temor de que pudiera darse fatiga en los materiales.
Pero como suele suceder, la belleza (al menos la arquitectónica) no está exenta de achaques y la Casa Kaufmann ha debido someterse a un mantenimiento general al cumplir las siete décadas. Los problemas más frecuentes son las humedades y filtraciones y la corrosión de algunos materiales.
Sin embargo, con muchos años a cuestas, la obra de Frank Lloyd Wright sigue admirando a miles de conocedores y aficionados a la Arquitectura y a la conjunción de las obras del hombre con la naturaleza.
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