Hace poco, durante una conferencia para alcaldes, afirmé que el requisito indispensable para generar empleos buenos, productivos y sostenibles era crecer.
Alguien al final me preguntó si era posible crear empleos sin crecimiento: mi respuesta fue que sí, pero que eso, por un lado, está pasando más bien en economías posindustriales con tal nivel de innovación y valor agregado que ya no son intensivas en mano de obra, y, por otro, en sociedades en las que la edad promedio de su población es tal que ya no demandan muchos empleos sino, antes bien, mano de obra para satisfacer los que se generan.
Sin embargo, ése no es el caso de casi ningún país de América Latina, ni de México. Aquí la demanda prioritaria es crecer por lo menos al 7% para generar los empleos nuevos, formales y permanentes que se necesitan cada año, lo que, evidentemente, no está ocurriendo en el país.
Pues bien, habría que pensar en que, si las industrias tradicionales no están abriendo las oportunidades que se requieren, hay que buscar otras opciones. Doy algunos ejemplos.
Hay un tipo llamado Michel André que lleva 20 años dedicado profesionalmente a medir el impacto del ruido que hacen los seres humanos sobre los ecosistemas marinos. Sí, leyó usted bien: qué le pasa a las tortugas, a los salmones o a los atunes cuando usted eructa, se tira un gas o toca el claxon.
Hay otro que se conoce como “oledor de axilas”. Los desodorantes que compramos son previamente probados por personas que se dedican a oler las axilas malolientes durante todo el día. Para llegar a un buen olor, las fosas nasales de estos expertos han debido sufrir previamente una tortura nasal. Desde axilas y pies hasta excrementos de animales. Todo este trabajo es necesario para valorar la eficacia real de desodorantes y ambientadores.
Uno más localizado en Internet es el de quienes se dedican a examinar y neutralizar la halitosis. La persona objeto de examen toma bebidas alcohólicas y le dan de comer comidas fuertes. En este momento entra en juego el papel del examinador, que debe olfatear el olor de su boca y dar una puntuación del uno al nueve. Luego al examinado se le da un chicle o un enjuague bucal, tras de cuyo uso el examinador huele otra vez y puede determinar así la eficiencia del producto.
Y otro más es el trabajo de identificador del sexo de los pollos. Según parece esta chamba es fundamental porque resulta muy difícil distinguir las aves machos de las hembras cuando nacen. Estos expertos son capaces de detectar su sexo en tan sólo cuatro segundos. Sólo existe una escuela para este tipo de personal en Japón.
En fin, como dijo el legendario matador Rafael Guerra Guerrita cuando le presentaron a don José Ortega y Gasset y éste aclaró que era profesor de metafísica: “joder, que en este mundo hay gente pa´ todo”.
Así anda el mundo del empleo.
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