Estamos en un tiempo en el que niños, y jóvenes y menos jóvenes tratan de buscar la felicidad, en ocasiones, a como dé lugar. Es un principio natural del ser humano, se dice. Pero ¿qué es lo que hace realmente feliz al ser humano?
¿Las cosas materiales? ¿El dinero? ¿Los coches? ¿El alcohol o las drogas?
Si partimos de que el ser humano tiene un alma racional, esa alma tiende a llenarse, y lógicamente, como es un alma racional, sólo se puede llenar de amor, puesto que somos los únicos seres terrenales con esa capacidad. El problema viene cuando se quiere llenar el alma con cosas, que por ser materiales (y por lo tanto finitas, limitadas, caducas), tarde o temprano dejarán de existir.
Definitivamente, lo único que puede llenar nuestra alma es el amor, ya que es algo que nos lleva a salir de nosotros mismos, combatir el egoísmo y aumentar la generosidad, haciéndonos seres verdaderamente libres; libres de lo que no puede hacernos felices para gozar gratuitamente de lo único que nos hace felices y que es el amor, y que además nada ni nadie nos puede quitar.
Las cosas materiales no tienen por qué ser malas, pero hay que usarlas con orden, como medios para servir a los fines, para ayudar a los demás, lo que es una clara razón de amor. Pruébalo y verás que serás feliz.
¿Dónde más está la felicidad? ¿Qué l@s chav@s me volteen a ver por mi forma de vestir o de mirar más o menos provocativa? ¿Por mi popularidad en Facebook gracias a mi foto más o menos erótica? ¿Tener vari@s novi@s? ¿Casarme y divorciarme las veces que yo quiera? ¿En la infidelidad de mi matrimonio? ¿Tener relaciones sexuales desde mis 15 años, ya sea con anticonceptivos o bien abortando, y luego presumir de que yo sí soy hombre o mujer de verdad y que estoy por encima de los demás porque yo sí soy guap@ y ya puedo tener ese tipo de experiencias las veces que quiera y cuando quiera?.
Definitivamente, ahí no está el amor, sino todo lo contrario: están la tristeza, la amargura, el desaliento, la depresión, etc. Si supieran las niñas de hoy que se ven mucho más bonitas cuando se visten con sencillez y modestia, que cuando lo hacen provocativamente. ¿Qué va a pasar cuando seas mayor y tu “belleza física” se termine? ¿Dónde se quedaron las miradas que provocaste en tu juventud? Definitivamente, aquí tampoco está la felicidad.
Pero… ¿por qué? Porque nunca hubo amor, y sin amor, que puede llenar nuestra alma, no puede haber felicidad, porque el alma se llenó de otras cosas que no son amor, y por lo tanto, fueron cosas caducas y limitadas, y peor aún, en algunos casos destructivas, que dejan marcada a la persona por toda su vida, como a las personas que han abortado.
Chav@: prueba a vivir diferente, no te dejes llevar a ciegas por lo que te presentan la TV o internet como lo más atractivo. Viste decorosamente, para que los chavos te volteen a ver a los ojos y no al cuerpo; evita la pornografía por internet, el cine o la TV, porque eso destruye el amor que puedas dar a los demás y afectará a tu futuro cónyuge. Si lo haces, serás de las personas libres de la pornografía, un hombre o mujer de verdad, ya que es mucho más hombre o mujer el que sabe superar la pornografía porque tiene mucho más carácter que el insensato esclavo de la pornografía. Evita las conversaciones y los chistes indecentes, porque luego se convertirán en pensamientos, y esos pensamientos, en acciones, y las acciones en estilo de vida.
Y lo que sembraste en tu vida, lo cosecharás después. Si de verdad amas a tu novi@, no tengas relaciones sexuales en tu noviazgo, recuerda que ahí no hay amor, mejor espera hasta que te comprometas por amor para toda la vida en el matrimonio. Si ya estás casad@, evita los anticonceptivos, porque de esa manera esclavizas al sexo a tu cónyuge y la conviertes en objeto, quitándole su legítima dignidad humana, y además, evitas que nazca un nueva vida que bien puede ser un Lionel Messi, una Teresa de Calcuta, un Juan Pablo II, un Leonardo da Vinci, un Pitágoras, ¿quién sabe?; y jamás abortes.
Si supieras la cantidad de matrimonios que desearían tener un hijo y no pueden, y si supieras la cantidad de matrimonios dispuestos a adoptar niños con tal de dar amor, porque están buscando la felicidad. Las personas que han abortado quedan marcadas de por vida, porque buscaron la felicidad donde nunca hubo amor y sólo encontraron desdicha, tristeza, tinieblas, y además, renunciaron al don maravilloso de ser madres; evita las ocasiones de ser infiel a tu cónyuge, porque de esa manera defiendes algo sagrado que es tu familia.
Si te preguntas dónde hay jóvenes que piensen así, limpiamente, basta con que veas a los que se van a reunir estos días en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud. Te convencerás de que son más los jóvenes que quieren vivir la felicidad con toda su plenitud que los que quieren ser esclavos de los vicios.
¿La felicidad está en dominar a los demás? ¿En salirme siempre con la mía con alevosía y ventaja? ¿En vivir egoístamente olvidando a los demás, aún a los de mi propia casa? ¿En no saber escuchar a los demás, tengan o no la razón? ¿En usar egoístamente de lo que tengo? ¿En envidiar las cosas de los demás?
Evidentemente, todos huyen de este tipo de personas, que tarde o temprano, se quedan sin amigos, sin compañía y en definitiva, sin amor, porque sembraron egoísmo y ahora cosechan egoísmo. Pero ¿por qué todo mundo quiere estar con el que siempre está contento, con el que resuelve los problemas de los demás, con el que ayuda a los demás olvidándose de sus cosas para atender a los otros, con el que sabe escuchar aunque no tengas la razón, con el que regala sonrisas en lugar de miradas indiferentes e insípidas? Porque esa persona sabe amar a los demás y es feliz, y por eso, de forma natural, las demás personas buscan a estas personas, porque son las que aman, demostrando que quien ama atrae más a los demás que quien vive egoístamente y no sabe amar y que es esclavo de lo material, lo sexual o lo que sea.
¿La felicidad estará en robar u oprimir a los más débiles o sin posibilidades de defenderse, ya que yo sí tengo poder y estoy sobre los demás? ¿Así demuestro quién soy? ¿En engañar a los demás con tal de salirme con la mía? ¿En decir la verdad sólo cuando me conviene? ¿En acomodar las cosas en mi trabajo para salir con ventaja? ¿En tomar decisiones que me benefician a mí y a otros, pero perjudican a los más pobres?
La verdad, tarde o temprano, llega a conocerse, y ninguna mentira podrá ocultar la verdad que es visible para todos. Nadie quiere estar con los mentirosos, porque nadie puede confiar en ellos. En cambio, al que dice la verdad, siempre le confían las cosas de mucho valor, porque dicen la verdad en cosas de poco valor.
Entonces ¿dónde quedó la felicidad? Está en el amor a los demás, en amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, en olvidarnos de nosotros para ayudar a los demás, en poner nuestros dones al servicio de los demás, evitando la esclavitud del desorden de vida, por la sencilla razón de que eso nos aleja de nuestra meta de ser felices, y además nos atrae la infelicidad y tristeza.
Si te preguntas ¿por qué me va mal en la vida y soy triste? Trata de analizar lo que has sembrado hasta el momento, y que convéncete de que siempre es momento de cambiar, siempre es momento de volver y siempre hay una segunda oportunidad de ser feliz, una segunda oportunidad dada por Dios, porque Dios es amor. Amar a Dios y a los demás es sin duda la llave de la felicidad que nada ni nadie te podrá quitar, ni en esta vida ni en la otra.
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