A partir de hoy está a la venta en Alemania un libro muy esperado. Son entrevistas hechas a un anciano sacerdote, jubilado ya desde hace años, que además de ejercer su ministerio tuvo una especial dedicación a la música sacra y a las corales con temas religiosos.
Aunque una vida así pudiera ser interesante para muchos, la de este anciano sacerdote tiene más aspectos interesantes, ya que fueron solamente dos hijos y una hija del matrimonio de sus padres, y el otro hermano también es sacerdote, que aunque es apenas tres años menor, a sus 83 años está lejos de jubilarse ya que su condición no se lo permite.
El sacerdote entrevistado se llama Georg Ratzinger, y el título del libro es “Mi hermano, el Papa”. Efectivamente se trata del hermano mayor de Joseph Ratzinger, mejor conocido como Benedicto XVI.
Sus padres eran personas sencillas en un pueblo alemán, a lo que la decisión de sus hijos de estudiar para sacerdotes les representó el esfuerzo adicional de tener que hacer jornadas extras de trabajo para conseguir un ingreso adicional.
Joseph, el padre, era comandante de la policía en una ciudad que hacía frontera con Austria, y un decidido anti nazi. Cuando los nacionalsocialistas llegaron al poder en Alemania, Ratzinger fue amenazado por los seguidores de Hitler y solicitó su cambio a una población más pequeña, aunque representó una baja de su nivel profesional, con el fin de estar alejado del gobierno nazi y al poco tiempo alcanzó su jubilación, retirándose a un pequeño pueblo a fin de que sus hijos y su esposa tuvieran una vida tranquila.
María, la madre de familia, era una mujer dedicada a su casa, aunque para cubrir los costos del seminario para sus dos hijos, trabajó un tiempo como cocinera.
Además de los estudios propios del seminario, los hermanos Ratzinger dedicaron muchas horas durante años al estudio de la música, al grado que el mayor de ellos, Georg, hizo de la música un campo de ejercicio en su sacerdocio (Durante muchos años fue Director del Coro Juvenil de la Catedral de Ratisbona), y el menor, Joseph, sigue siendo un gran conocedor y cuando tiene un tiempo disponible disfruta de tocar el piano, especialmente música de Mozart, que es su compositor favorito.
Las temporadas en que los hermanos regresaban de vacaciones a la casa de sus padres, les permitían largas pláticas de sobremesa entre los padres, los dos estudiantes del seminario y la única hermana; y la música frecuentemente estaba presente en esas reuniones.
Luego, al terminar los estudios en el seminario, vinieron las ordenaciones sacerdotales, el ingreso a la universidad para cursar el doctorado y la docencia: en el caso de Georg como profesor de Música, y en el de Joseph como profesor de Teología. Pero siempre con las esporádicas temporada de convivencia entre la familia, pues han sido durante toda la vida dos hermanos muy unidos, aunque tienen pocas oportunidades de convivir.
Tiempo después, vinieron la responsabilidades mayores: para Georg, la Dirección del Coro, y para Joseph, las tareas directivas en las Universidades. Hicieron planes para construir una casa en Ratisbona y trasladaron los restos de sus padres fallecidos años antes a un cementerio de esa ciudad, para poder tenerlos cerca y cuidar de sus tumbas.
Pero las cosas no iban a ser tan sencillas. El Papa Juan Pablo II llamó a Monseñor Ratzinger, que para entonces era ya un destacado Teólogo que había participado como consultor en el Concilio Vaticano II, para que lo apoyara en el trabajo de la Curia Romana. Pasaron los años, y al rebasar los 70 de edad, Georg comenzó a ver la jubilación como la oportunidad de que los hermanos volvieran a reunirse, pero las responsabilidades de Joseph en Roma le permitían solamente breves viajes a Alemania para descansar algunos días y conversar con su hermano.
Al pasar el año 2000, el ya Cardenal Ratzinger pensaba en la próxima jubilación y en el regreso a la casa familiar en Alemania para dedicarse a escribir y a investigar… sin embargo, otros eran los planes de Dios.
Al fallecer Juan Pablo II, el Cardenal Ratzinger fue responsable de organizar el Cónclave que habría de elegir al nuevo Papa, y una vez terminado, la idea del regreso a Alemania seguía presente. Pero todo cambió en las primeras sesiones del Cónclave, cuando los Cardenales lo eligieron como sucesor de Pedro y tomó el nombre de Benedicto XVI.
Para Georg, la decisión de los Cardenales representó un nuevo cambio de planes. “Tengo que decir con total sinceridad que en ese momento me sentí bastante hundido. Esto era un gran desafío, una enorme tarea para él, pensaba para mí, y me preocupaba seriamente... Esa noche me acosté bastante abatido. Durante toda la noche, y hasta el mediodía del día siguiente, no dejó de sonar el teléfono, pero para mí todo esto era indiferente. Sencillamente no acudía a contestarlo...
"Él me llamó la mañana siguiente, mejor dicho: quería llamarme. Sin embargo, como el teléfono sonaba continuamente y me ponía de los nervios, no lo contesté... En todo caso, pasó algún tiempo hasta que pudimos hablar entre nosotros. Ahora tengo, gracias a Dios, un segundo teléfono en el dormitorio... El número para la segunda conexión lo conoce sólo él. Si suena este teléfono, entonces sé que mi hermano, el Papa, me llama.
"Desde entonces, me llama varias veces a la semana. Yo a él no le llamo nunca. Resulta más sencillo ponerse en contacto conmigo por teléfono..."
Los hermanos se ven al menos en cuatro ocasiones en el año, cuando Monseñor Ratzinger viaja a Roma y se hospeda en los departamentos pontificios donde habita el Papa.
Una visita es a finales de año y se queda hasta mediados de enero. La otra es en la primavera y se queda una semana. La tercera es en el verano, cuando el Papa se traslada a Castelgandolfo y la cuarta suele ser en octubre, cuando Monseñor Ratzinger es invitado a la temporada de conciertos en Roma.
Pero a pesar de que las circunstancias de la vida han impedido a estos dos sacerdotes hermanos el hecho de vivir juntos, se acompañan mutuamente como lo han hecho a lo largo de su vida: uno dedicado a la Música Sacra y otro a calzar las sandalias del pescador, como guía de la Iglesia católica.
Por ello, el libro que salió a la venta hoy en Alemania ha despertado tanto interés. Es la parte humana de una gran amistad entre dos hermanos que, siendo sacerdotes ambos, han tenido que seguir caminos tan diferentes y se han mantenido tan unidos.
La edición en alemán está a la venta desde hoy. Las ediciones en español estarán disponibles a finales de año
Mein Bruder, der Papst (Mi hermano, el Papa)
Martin Hesemann
Editorial Herbig, 256 páginas |