El país entero se da cuenta de la necesidad y la urgencia por modificar la educación pública: millones de alumnos se encuentran atrapados en escuelas de baja calidad. Pero resulta muy difícil enderezar el rumbo errático: hay grupos y personas poderosas que se oponen a las reformas de fondo ya que implicaría pérdidas de poder para ellos.
El principal de esos grupos opositores a que mejore definitivamente la educación pública son los profesores agrupados en dos poderosos sindicatos y algunos otros que se benefician con ello, como los partidos políticos. Y es que la influencia de los sindicatos magisteriales es tan grande que han llegado hasta a definir elecciones presidenciales.
Maestros organizados y padres de familia desunidos
El poder sindical viene dado en primer lugar por las cuantiosas cuotas que reciben de tantos afiliados y que llegan a representar cantidades muy cuantiosas de dinero con el que se negocian apoyos y alianzas. Y son poderosos además porque quienes debieran ser su contraparte y contrapeso, es decir, los padres de familia que envían a sus hijos a las escuelas públicas, se encuentran desunidos y desorganizados.
Los profesores llegan a parecer servidores públicos por el carácter “inamovible” y ajeno a las quejas por la mala calidad del servicio que prestan. Son prácticamente intocables de por vida.
Recientemente han surgido voces que ofrecen dos alternativas para mejorar la educación del país de una manera sustancial, pero que se enfrentan a la oposición cerrada de los propios profesores.
Crear escuelas más autónomas
La primera es la iniciativa de crear algunas escuelas que no estén sujetas a los contratos colectivos que firman los sindicatos con las autoridades, que puedan determinar sus propios horarios, seleccionar a sus profesores y negociar los sueldos con ellos. Eso representaría un principio de competencia entre las escuelas y la que ofrezca la mejor calidad se llevaría las solicitudes de inscripción. Pero no es aceptada por los líderes sindicales del magisterio.
La alternativa del “bono educativo”
La otra es la de otorgar a cada estudiante un “bono” por el equivalente a lo que le cuesta al Estado la educación de un alumno de educación básica o secundaria. Ese “bono” puede aplicarse a la escuela o institución que elijan los padres de familia, que por definición tratarían de dar la mejor educación para sus hijos. Con el paso de unos pocos años, prevalecerían las escuelas que efectivamente ofrezcan calidad educativa, ya que se llevarían la mayor parte de los bonos, en tanto que las escuelas mediocres o malas se quedarían solas. Pero esto tampoco ha sido aceptado por los líderes sindicales del magisterio.
Y en tanto, el país se debate entre la baja calidad educativa y el creciente poder de los sindicatos de maestros. Y se hunde en una mediocridad que aleja las perspectivas de progreso en el mediano y largo plazo.
Este es el panorama que describe el escritor norteamericano Terry M. Moe en su libro “Special interest: Teachers Unions and America´s Públic Schools” (De especial interés: los sindicatos de maestros y las escuelas públicas de los Estados Unidos)
El libro describe la problemática que enfrenta la educación pública en los Estados Unidos y la resistencia de los sindicatos de maestros (American Federation of Teachers y National Education Association), para aceptar una profunda reforma que lleve a una educación de más calidad.
Estos poderosos y ricos sindicato, que de manera mayoritaria apoyan al Partido Demócrata, son el donante número uno en las campañas federales.
Como puede verse, y toda proporción guardada, la educación en nuestro vecino del Norte presenta problemáticas que de alguna manera son similares a las de México. |