El horizonte un sol, asimétrico tiempo,
olor de madreselvas en el viento,
cierto aroma de paz en el ambiente,
vértigo de sombras se acomodan.
La historia es sentencia silenciosa
cordel que va forjando sus nudos cada instante
para dejar huella perenne en el camino
sin permitir, acaso, el mínimo retraso.
Será cada caricia tuya un haz de luces innombrables
la remembranza que reviva el tiempo
porque fuiste sabor y trascendencia,
de tus besos surgía la voz y el canto eterno.
Fue tu cuerpo el signo inequívoco
de un mar ilimitado
y tu mirada el faro guía
para encontrar puerto de abrigo.
El fuego marcó el lindero de los días
todo construíamos entre sueño y piedra
bebimos del sexo y la poesía,
nuestro sudor inventaba en cada espasmo una palabra.
Cuánto tiempo perdimos.
Se diluyeron minutos en las manos
mas retomamos la historia
para tejer las nubes sin demora.
Era tu sed de amar, la mía, era la sinrazón amotinada
una manera de reconstruir el porvenir
un modo de saciar la sed ancestral
darle sentido a ese deseo de deslumbrar la noche.
Descubrimos de cada mes sus días precisos,
que hay maneras exactas de desandar el tiempo
y edificar la cauda de los días
para forjar un porvenir, saciar el ansia a toda hora.
Quiero que me recuerdes en medio del estío
cuando ya mi piel sólo se encienda de recuerdos
y se hayan marcado en ella las historias de amor
de tantas primaveras, en tono y matiz acumulados.
Quiero que me recuerdes por mi nombre
por lo que pude decirte puntual y sin temores
por todo lo que pude ofrecerte a tiempo
cuando mi voz fue carnaval irrenunciable.
Quiero que me recuerdes sin sombras ni fantasmas,
cuando mi felicidad fue para ti,
desde el oscuro rincón de los silencios
aún antes de que tu luz iluminara sendas.
Cuando me alcance el provenir
pronunciaré tu nombre.
Tú sabrás de mi amor, también,
cuando ya no pueda pronunciar palabra.
Adivinarás en mis ojos
la imagen impresa de tus ojos
y tus sedientos labios para el beso
cuando podías ser parte de mi tiempo eterno.
Recuérdame en los años cuando mi juventud te avasallaba
cuando me atrevía a develar tus inocencias
y descubríamos a toda hora la luz y el eco eternos
sin temor alguno de descubrir el alba.
Recuerda mis ansias de estar dentro de ti
de recorrer tu piel, aunque no lo supiste en ese tiempo,
el insondable deseo de ser en ti
y encontrar sin límite ninguno historia y trascendencia.
Yo te hablaré al oído en todo tiempo.
Donde esté pronunciaré tu nombre
te amaré en silencio sobre el viento
hasta que nos alcance para siempre la memoria. |