Considerando la fecha a la que hago mención, lo primero que me viene a la mente aunque eso si, cada vez más lejano y confuso, es la masacre de Tlatelolco, llevada a cabo hace 43 años por un gobierno de corte dictatorial y al más puro estilo de las épocas doradas del PRI.
Con esto quiero decir la época de las multitudinarias reuniones de políticos absolutamente alineados hasta la ignominia con el presidente en turno, que de manera incondicional le aplaudían fervorosamente en cualquier acto donde el prócer hablara. Cualquier persona que recuerde cuatro sexenios atrás, lo tendrá en mente y lo más seguro es que lo recuerde con desagrado.
Tal fue el caso del presidente Gustavo Díaz Ordaz, que cuando hablaba en la Cámara de Diputados, era ovacionado a la menor frase que vertiera, aun cuando fuera una mentira podrida y toda la ciudadanía la conociera. A la luz de la distancia en el tiempo y con más conocimientos y madurez, he llegado a pensar que en este muy desafortunado episodio, se conjuntaron al menos varias causas.
La primera de ellas fue el brote de inconformidad que las sociedades experimentan cíclicamente, como reacción a las injusticias y al mal gobierno; el antecedente del movimiento en Francia con su sazón peculiar, no tuvo otro origen que la hartura de la colectividad pensante ante una aberración de tipo social. En la ciudad de México el origen del movimiento de 1968 fue algo banal, que de haberse sabido manejar por las autoridades no hubiera llegado a más.
Sin embargo, en el subsuelo ya se encontraba el malestar que se canalizó un poco más tarde y que culminó en Tlatelolco. Este malestar dio pie a que se cuestionara y sembrara la duda relativa al modelo político y económico y por lo tanto su vigencia, aun a pesar de las aparentes bondades de una economía que ofrecía paz, crecimiento y estabilidad social, sobre todo en las capitales. La política de gobierno de corte represor, normalmente se opone a la educación como un proceso que permite comparar y pensar diferente; lo que necesariamente significa tarde o temprano una confrontación con gobiernos de mano dura. El caso del gobierno del señor Díaz Ordaz no podría ser calificado como de abierto al diálogo, su esquema de gobierno no se ajustaba a una sociedad con ansias de democracia; recordemos los años del “carro completo” que garantizaban el poder monolítico y por lo tanto despótico.
Hoy día sería muy difícil que algo similar sucediera. Nuestros gobiernos sin duda a menudo sufren la tentación del despotismo, pero ya la sociedad ha evolucionado quizá hasta más que los partidos políticos y manejarla esta resultando más difícil, aunque hábiles que son ya han encontraron la formula. El concepto del poder absoluto ya ha pasado y ha dejado lugar al mundo de las concertaciones y alianzas, que no son si no otra forma de corrupción entre los partidos políticos.
Siempre teniendo como trasfondo la conservación del poder vía generosos manejo de fondos. El malestar que en 1968 estaba soterrado pienso que hoy aun permanece, aunque de distinta forma, la poca preocupación por la verdadera equidad social del actual gobierno entregado al neoliberalismo salvaje que padece el país, esta acumulando importantes pasivos con sectores de la sociedad.
Tomemos como ejemplo la aberrante concentración de la riqueza, que se encuentra en un porcentaje pequeño de la población, dejando a la gran mayoría en desventajosa situación. Hemos estado viendo con gran cobertura en los medios de comunicación, lo que se ha dado en llamar la primavera árabe, que se ha corrido como reguero de pólvora en el norte de África. Las condiciones estaban dadas por los tipos de gobierno dictatoriales que han padecido dichos países, pero con la novedad del poder de las redes sociales, que resultó superior y por lo tanto venció. Que tipo de gobierno y que tan buenos sean los que ahora se instalen, esta por verse.
Renglones atrás decía que en México los gobiernos han encontrado la formula para mantener apaciguado al pueblo, la formula mágica es tripartita. Consta de exitosas selecciones de futbol, que sin duda por méritos propios destacan y que le sirven al gobierno como distractores de los problemas de orden social, los triunfos deportivos, opacan a los problemas sociales. Figuras de éxito, como es el caso de este futbolista talentoso conocido como “Chicharito”, es un importante referente para paliar los problemas e inquietudes populares; tanto o más puede decirse de las series televisivas que reflejan situaciones y estilos de vida, que permiten una evasión de la realidad. A pesar de todos estos elementos de distracción, la inquietud esta presente y las redes sociales cada vez son más fuertes en México.
Estoy convencido que ningún gobierno nacional cometería los errores de represión del pasado, pero deben empezar a cambiar si no quieren problemas, en especial el PRI que con razones aspira a volver al poder, pero que tiene esos malos antecedentes que hay que considerar. Los mexicanos ya no queremos otro dos de octubre ni gobernantes despóticos. |