Una familia en Inglaterra tenía hace años dos cachorros: Madison y Lily. Aunque se llevan una diferencia de meses en edad, se criaron prácticamente juntos y siempre fueron compañeros de juego, hasta que… un automóvil golpeó a Lily causándole un daño irreparable en los ojos, al grado que el veterinario tuvo que extirpar los globos oculares.
Lili, al despertar de la anestesia, se enfrentó a una situación difícil, pues aunque el olfato le permite detectar el platón de su alimento, comenzó a tropezar con muebles, paredes y árboles. Pero Madison, sin mediar entrenamiento previo, entendió que debía ayudar a su compañero y se echó encima la tarea de ser guía de ciegos, mejor dicho, de perros ciegos. Desde entonces, mediante leves presiones en el cuello, le indica al invidente cuándo debe evadir algún obstáculo, cuándo debe acercarse o alejarse.
Cuentan quienes los han observado de cerca, que tienen una especie de código a base de ladridos en bajo volumen y que han conseguido con el tiempo una sincronía casi perfecta entre el ciego y el guía.
Pero las tragedias de Lily, ahora con 6 años de edad, no han terminado. Hace poco, sus amos tuvieron que entregar a los perros en un centro de acogida, pues se vieron imposibilitados de atenderlos. Ahora, Lili y Madison están a la espera de alguna familia que quiera adoptarlos y continuar siendo testigos de su increíble historia... todo un caso de solidaridad canina.
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