La mitad de la población no accede a un ingreso que le permita posicionarse en, o, por encima de la línea de bienestar. De hecho, uno de cada diez, obtiene recursos que no le permiten acceder siquiera a un mínimo de bienestar (más de 80 mil personas) y sus carencias se multiplican.
Donde la inseguridad se incrementa, la salud se encuentra permanentemente amenazada. Donde la población juvenil deserta de los estudios, tiene ocho veces más posibilidades de incurrir en conductas de riesgo. Donde la distribución del ingreso está polarizada no se puede garantizar la gobernabilidad. Cuando las familias se debilitan el tejido social pierde fortaleza. La seguridad humana es el primer paso a dar para lograr obtener la seguridad pública, porque está centrada en la ciudadanía y no en la autoridad. |