Fanfarrias, confeti, lucecitas, porras y una ola.
Se acaba de descubrir que lo que el mundo requiere son “gobiernos éticos”; que para construir mejores sociedades es también necesario que las universidades asuman esto como responsabilidad; y que para construir “un mundo nuevo” –más allá del soporte letrístico de José Alfredo Jiménez– la Ética debe transformarse, permearse y asimilarse como un pilar fundamental en la sociedad.
Palabras más, palabras menos, éste fue el discurso de Enrique Iglesias, titular de la Secretaría General Iberoamericana, al clausurar el II Encuentro Internacional de Rectores, evento que tuvo como sede la ciudad de Guadalajara en el estado mexicano de Jalisco.
Por menores, por mayores
1.- Los Rectores señalaron que la crisis económica tendrá una solución lenta que hará posible la construcción de un mundo, en donde la sociedad juegue un rol fundamental.
2.- Los académicos también concluyeron que, en vez de violentar los principios éticos elementales, se requiere “una sociedad más honesta; una empresa responsable; un gobierno mundial con principios éticos y una globalización más humanizada”.
Esta parte de las declaraciones de Iglesias nos permite encontrar un paralelismo fino con lo que otro hombre de Iglesia, Benedicto XVI, ha sostenido en forma reiterada: hacer de la persona humana el centro de toda visión y acción de la Política; humanizar la economía y la interacción global.
3.- Además de plantear una serie de acciones tácticas y delinear estrategias para los siguientes años, los rectores propusieron cinco grandes ejes de trabajo, de los que destacan: una universidad comprometida que asimila su dimensión social, y que se compromete a la inclusión social y la solución de problemas que aquejan a la región.
4.- Llamaron la atención las conclusiones siguientes: una universidad formadora, la calidad docente y la renovación de las enseñanzas.
Aunque se encontraba presente el Rector de la UNAM, don José Narro, no me imagino cómo le podrán hacer con las preparatorias del PRD, los CCH –que se pasan dos meses de “semestre” de vacaciones; dos meses más apoyando huelgas “por solidaridad” con los estudiantes de Tanzania, Cambodya, el Chad y puntos intermedios, y el tiempo restante, de descanso, toda vez que están en huelga los administrativos y operativos de la institución.
Sin embargo, la sola propuesta es en sí un avance importante. Se vuelve la vista, por fin, al proceso formador de la universidad.
Se pone el acento en la calidad de los docentes, con todo y que la “Ticher”, Elba Esther Gordillo, lideraza sindical, se oponga a que evalúen a sus maestros, y a los niños de primaria los mismos profesores les entreguen –con suficiente anticipación– los exámenes “Enlace”, con el malévolo fin de que nadie repruebe.
Y por fin, se retoma la añeja petición del empresariado mexicano –que en más de una ocasión lo escuchamos de labios de la presidencia nacional de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex)– en un mismo sentido: renovar y adaptar los procesos de enseñanza-aprendizaje y las currículas de las materias, para que se adecuen a los requerimientos de la planta productiva nacional, en vez de ser una enorme fábrica de desempleados con conocimientos escasamente aplicables.
De verdad, de todo corazón y por el bien de este México Bicentenario, ojalá que estas conclusiones no se queden como voz que clama en el desierto.
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