Por fin la Cámara de Diputados dio luz verde a la modificación de los artículos 65 y 66 de la Ley General de Salud. De ser aprobada también por el Senado, muy pronto los niños tendrán que hacer diariamente, al menos 30 minutos de ejercicio y dejar de comer papitas, refrescos, pastelitos y toda clase de golosinas que tanto disfrutan y que tanto perjudican su salud.
Dicen por ahí que lo prohibido se vuelve más que querido; sin embargo, los riesgos que se reducen al prohibir la venta de estos alimentos en las escuelas no son comparables con los que se sufren a diario con las drogas. No nos gusta la prohibición; no obstante, es necesaria.
Aquí lo más que puede pasar es que pequeños con visión empresarial, lleven en sus mochilas estos productos y en los recreos se dediquen a la venta, ahora posiblemente clandestina, de comida chatarra.
También es cierto que implementar estas medidas no va a resolver por completo el problema de la obesidad infantil. México tiene la corona y no va a ser fácil que nos la arrebaten; sin embargo, había que hacer algo y éste es un buen paso para acortar cifras.
Sin duda la concienciación del problema debe venir desde casa. De igual forma que la cultura y los buenos hábitos alimenticios. Los padres también tendrán que instaurar su reglamento, cuidar que la vida del niño no sea sedentaria y que su alimentación esté 100 por ciento equilibrada. De todos los problemas que enfrentamos, éste debería resolverse sin mayor complicación, pues la respuesta está en nosotros mismos como sociedad.
Los que seguramente están preocupadísimos, son los dueños de las marcas que visten estas cooperativas escolares. ¿Qué pasará con las muchas marcas de comida chatarra?... seguramente encontrarán alguna manera de adaptarse. Si bien sus ventas se verán disminuidas, cuesta trabajo pensar que puedan salir del mercado.
El que se prohíba la venta de estos productos en las escuelas, no significa que los niños no los vuelvan a comer, volvemos al mismo punto, todo es cuestión de equilibrio.
Recuerdo muy bien, cómo en mis tiempos de primaria tenía una compañerita que esperaba con ansías los viernes, y no por los mismos motivos que todos los demás los encontramos fascinantes.
Ella en los viernes veía algo más que el fin de la semana, ya que en los recreos encontraba en su lonchera, como recompensa a cuatro días de lunch sano, papitas, jícamas con limón y chile y como postre uno de esos pastelitos de ave emplumada que con tanto cariño llamamos en diminutivo.
Estrategias como ésta, podrían ser la solución, únicamente hay que dejar que al rol de padre, pueda llegar la creatividad, sin dejar de lado el rigor y el control.
Michelle también quiere que nos movamos
De la visita que la primera dama estadounidense está haciendo a nuestro país podrían desprenderse muchas cosas; que sí es la mejor vestida desde Jackie Kennedy, que sí es más popular que su esposo, que si viene a revisar las bases de espionaje, que si sólo viene a tomar el té con Margarita. Son muchos los apuntes sobre este tema; sin embargo, hablando de obesidad infantil, Michelle Obama también tiene elementos importantes que aportar.
Entre algunas otras cosas, Michelle viene a promover su plan “Let’s move”, un esfuerzo que recientemente implementó en su país como parte de las respuestas que el gobierno busca darle a los problemas de salud, en específico, al de las también, altas cifras de obesidad infantil.
Michelle asegura que ella pone el ejemplo con sus hijas teniéndolas bajo estricto régimen alimenticio. Asimismo, cada que puede nos recuerda que si los padres no tienen la iniciativa, entonces no hay mucho que hacer. En esto tiene toda la razón.
En fin, esperemos que además de aprovechar el Air Force 1 para seguir aumentando su popularidad alrededor del mundo, el viaje de la señora Obama deje unas cuantas buenas ideas a Margarita y a los que la escuchen. Reforzar este tema no nos caería nada mal.
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