Viene a mi memoria con motivo del día Internacional de la Mujer, Marie Gouze, mejor conocida por su seudónimo Olympe de Gouges, quien a partir de varias publicaciones políticas y diversas acciones a favor de la abolición de la esclavitud se da a conocer públicamente y en 1791 escribe su famosa “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”. Ella apela en su declaración a la libertad y a la justicia para conservar los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer y del hombre y afirma que deben ser corregidos los límites que se oponen a la igualdad por las leyes de la naturaleza y la razón.
Desde entonces han surgido diversos movimientos a favor del derecho de las mujeres abanderados por diferentes personajes, muchas de ellas dignas de ser mencionadas por los beneficios que han legado a las mujeres de hoy y que no me atrevo a listar por no omitir a muchas de ellas. Sin embargo, hoy, después de casi tres siglos continúa sosteniéndose la lucha por esta igualdad en los diferentes escenarios políticos, económicos, académicos e incluso sociales. Y tendríamos que preguntarnos entonces ¿no se han tenido logros? Y la respuesta emana rápidamente con las evidencias más palpables que todas las mujeres de hoy vivimos. Pero también es cierto que siguen presentándose injusticias, marginación, pobreza y desigualdad. Pero esta igualdad por la que tanto se lucha desde los foros internacionales hasta la vida doméstica no se logrará aniquilando las diferencias, con insurgencias o con declaraciones alarmantes.
La solución no se encuentra en las modificaciones constitucionales, en las normas internacionales o en las políticas públicas que buscan asegurar una cuota de participación 50-50 o en conseguir desesperadamente a toda costa la libre disposición del cuerpo, movilizando todas las estructuras para tener acceso libre al aborto y ejerciendo grandes sumas del presupuesto al rubro de salud sexual y reproductiva. Aunque tampoco podemos obviar que tener las leyes, las normas y las políticas públicas adecuadas facilita el camino de la igualdad, pero no lo es todo.
En este camino por la igualdad, las mujeres nos hemos topado con un sinfín de intereses totalmente ajenos al verdadero interés de la mujer. La han instrumentalizado como un elemento más de las políticas de control natal, como instrumento económico, como objeto sexual, sin llegar a comprender la verdadera esencia de la mujer, reduciéndola a la mínima expresión de quien ella es.
No son el matrimonio y la maternidad los que limitan la posibilidad de la igualdad y desarrollo. Basta mirar un poco la historia para descubrir a las grandes heroínas en todos los campos del saber que rompieron con todas las limitaciones que su propio tiempo les imponía.
El único camino para asegurar la igualdad es la educación. Una educación que la libere de la carga cultural que la ha arrastrado por años, una educación que le permite ver con claridad las posibilidades que el futuro le presenta y tomar decisiones con plena libertad, lejos de adoctrinamientos de feminismos radicales, de intereses políticos, económicos o racistas.
Aclamar por los derechos que la lleven al pleno desarrollo e igualdad se logrará cuando de verdad se le invierta un gran presupuesto en la educación, en una educación que le permita adentrarse en ella misma para conocerse y descubrirse y potenciarse en todas las realidades en las que desea vivir, como hija, como madre, como esposa, como profesionista terminando con la eterna lucha por la igualdad. |