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LAS VOCES... Y LOS ECOS
El gobierno que termina quedó a deber
, en Aguascalientes
  Por Ricardo Pasillas
  • Un balance final del sexenio
  • Las esperanzas y promesas de hace seis años…contrastan con las realidades de hoy
  • Del cheque en blanco… a los millones perdidos
 
Aguascalientes, MÉXICO, a 30 de noviembre del 2010
 

Con el último minuto de hoy, terminará también un gobierno que se inició con altas expectativas el 1 de diciembre del 2004.

Ese día, al cumplirse seis años del gobierno que iniciara Felipe González y terminara Juan José León Rubio, Aguascalientes recibía esperanzado a Luis Armando Reynoso Femat, ganador con amplia mayoría en unas elecciones que no fueron controvertidas.

Su cercanía con los ciudadanos, la experiencia reciente como Alcalde de Aguascalientes, el hecho de que su partido tuviera mayoría en el Congreso y que la mayor parte de los municipios del estado fueran panistas, dejaba ver que los ciudadanos le extendieron un “cheque en blanco” para que el estado rebasara cualquier expectativa de crecimiento, desarrollo y armonía en una sociedad deseosa de certidumbre, confiada en su gobierno y en sus instituciones y que comenzaba a vertebrarse adecuadamente. Todo permitía esperar “la época dorada” del estado.

Sin embargo, pocos meses bastaron para dejar ver que el Luis Armando que estuvo al frente del Municipio no era el mismo que estaba al frente del Estado. Lo que hasta unos meses antes habían sido acercamiento con los diversos sectores de la sociedad se transformaron en desaires y desplantes que comenzaron a alejarlo de empresarios, de productores del campo y de la inmensa mayoría de los ciudadanos, entre los que estaban los miembros de su propio partido.

Al cumplirse el primer año de gobierno comenzaron a escucharse los primeros comentarios en el sentido de que “el sexenio está perdido… el gobernador no coordina a su equipo y el gobierno ha quedado en manos de la camarilla de sus incondicionales… hace meses que tal secretario no consigue acordar con el gobernador… consiguió que le autorizara tal o cual acción sobre una servilleta de papel…” No tardaron en llegar las fricciones con su partido, con el Congreso y con un alcalde.

En sectores empresariales surgieron quejas por la desatención por parte de quienes deberían apoyarlos y se comenzó a comentar que “la instrucción es dar toda la atención y facilidades a quienes vengan a invertir de fuera aunque ello implique atender poco a empresarios locales, al fin que ellos ya están aquí y no se llevarán sus inversiones”. Y esa instrucción, real o no, se plasmó en hechos: grandes incentivos para los de fuera y poco caso a los locales.

Deslumbrado por el acceso a las grandes ligas nacionales del poder y de la riqueza, las estancias del gobernador en la Ciudad de México y en otros centros de convivencia y diversión comenzaron a hacerse frecuentes. Quienes tienen contactos en esas localidades recibían con relativa frecuencia comentarios en el sentido de que “vimos a tu gobernador” en tal restaurante o club en la Ciudad de México. Y algunas veces los comentarios llegaban a más al describir los consumos en tales reuniones y las condiciones en que se encontraban algunos de los presentes.

Ante esas ausencias, y dado el estilo personal de gobernar fundamentado en un control pleno y total de lo que se hacía, llevó a la inacción y hasta a la parálisis a varias dependencias estatales.

Con el paso del tiempo, y ante la falta de información precisa, oportuna y confiable, los rumores fueron ya una constante en la vida de Aguascalientes, y el deterioro en la imagen del gobierno y del gobernador fue creciente.

A los dos años de gobierno se hablaba ya de la exigencia de una cuota para quienes realizaban obras o contratos con el gobierno, cuotas que en ocasiones llegaban al 10% del monto y que debían depositarse previamente. En el sector empresarial comenzó a saberse que personas allegadas a algún secretario invitaban a hacer compras de determinados equipos o a solicitar participación en las empresas que buscaran establecerse o ampliarse. En algunos casos, y ante la negativa, llegaron a recibirse hasta amenazas de parte de ellos.

Luego vinieron los conflictos por las imposiciones, especialmente por la implantación del Impuesto sobre Nómina, por la deuda contraída al “bursatilizar” ese gravamen, por el destino y por el manejo de los fondos. Todavía hoy, unas horas antes de terminar el sexenio, siguen sin aclarar varias de las partidas de ese endeudamiento que de alguna manera limitará la libertad de acción de las próximas tres administraciones estatales.

Los funcionarios y empleados del propio gobierno resintieron en carne propia ese estilo personal de gobernar cuando comenzaron a descontarles por la nómina boletos de acceso a eventos sociales o plateas del Estadio.

Los contratistas escucharon que de las liquidaciones de sus obras o servicios se les descontaba el precio de un palco o de plateas en el Estadio Victoria y debían aceptarlo a riesgo de no volver a conseguir contratos con el gobierno.

La amenaza del propio gobernador en el sentido de “atropellar a quienes no estuvieran de acuerdo con sus proyectos”, (hecha por él mismo ante un grupo de empresarios en reunión celebrada en una universidad al sur de la ciudad) se personalizó en los años siguientes con políticos, empresarios, comunicadores y con todo aquel que llegó a disentir.

Allanadas buena parte de las voces disidentes, el gobierno vivió sus últimos años en una intensa campaña de medios, locales y nacionales, que no lograron convencer a una sociedad cada vez más desconfiada y crítica hacia el gobierno.

La crítica de la sociedad se expresó básicamente en las redes sociales, en conversaciones de cafés y reuniones de amigos y fueron contados los medios que manifestaron datos, cifras y opiniones que contrastaran con la avalancha oficial.

Un gobierno que no quedará en el olvido…

Buena parte de quienes han vivido aquí por muchos años no recuerdan un gobierno que haya terminado con tan mala imagen como el que ahora concluye.

Desde luego que el gobierno que termina no quedará en el olvido. Se le recordará como impositivo, manipulador, frívolo, engañoso y deshonesto, por mencionar lo malo; y se le recordará también por sus aportaciones benéficas al estado: la nueva dimensión dada a la Feria Nacional de San Marcos, las aportaciones a municipios como San José de Gracia, y por haber iniciado proyectos como la modernización del Distrito de Riego, el Hospital Hidalgo y tal vez alguno más…

En resumen, pocos lamentan y muchos celebran la terminación del sexenio. El balance final es negativo. El gobierno que sale, queda a deber… y no solamente los casi 500 millones de pesos de los que no se sabe su paradero.

Pocos son los gobernantes que no pierden el piso a los meses de estar en un poder como el que ahora disfrutan los gobernantes estatales. Tal vez el que termina lo hace ya plenamente engañado por la complaciente adulación de sus colaboradores cercanos y por la de los pocos que se han beneficiado con la administración, quienes le han ayudado a convencerse de los grandes logros de su gobierno.

Sin embargo, la realidad es que los ciudadanos piensan que las grandes expectativas de hace seis años se transformaron en grandes desilusiones.Y a los aplausos convenencieros habrán de seguir los desconocimientos, los alejamientos, la soledad, el rechazo… en pocas palabras, la realidad pura y dura.

 
 
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