Mi mejor amigo es un católico practicante y me ha escrito esto sobre el Halloween.
Estimado Juan:
Durante mi infancia disfruté como loco las fiestas del Halloween; era emocionante elegir disfraz y disfrazarme, y ayudar a disfrazarse a mis cinco hermanos y hermanas; y el mero 31 de octubre, salir alegres a pedir dulces, ilusionados en cada casa que tocábamos, sosteniendo la respiración hasta ver si abrían y luego esperar a ver qué nos daban.
Había de todo, alegría y desilusión; pero al terminar la noche, desesperados queríamos llegar a casa para contar los “trofeos”.
Ya de adulto, seguí como fan del Halloween; ahora la fiesta empezaba semanas antes, pues en la escuela católica dónde estudiaban mis cuatro hijos había concursos de disfraces. ¡¡Tremendo evento familiar!!
Todos participaban del diseño de los disfraces de todos; íbamos a comprar los materiales, los preparábamos y los armábamos entre todos. Ganamos muchos premios, ¡¡era fantástico!!
Y el mero día, cada año me divertía disfrazando a mis cuatro hijos y acompañándolos a pedir dulces por la noche; pero ahora con una emoción diferente y más grande; su alegría se multiplicaba dentro de mí.
Y a diferencia de mi infancia; en la de ellos regresábamos a casa temprano dedicándonos a repartir dulces a los demás niños; sobre todo a los de esas familias pobres que en tumultos recorrían las calles de nuestra colonia. Y lo más bello… en varias ocasiones, cuando los dulces para regalar se agotaron, vi a mis hijos echar mano de sus bolsitas para darlos a esos niños humildes (entonces y ahora lloré…)
Pero, ¡¡horror!!... hoy, a mis 50 años, me dicen, que no, que todo eso era malo.
Me han hecho descubrir que detrás de esos disfraces inocentes llenos de ilusión del Halloween estaban unos tipos llamados Druidas (ni en su casa los conocen), que 300 años antes de Cristo (¡¡tantos!!) adoraban a Samhani (¡¡¿a quién?!!); que no es una fiesta cristiana (y el día del niño, de la amistad, de las madres…¿sí?); que detrás de ella está el paganismo, el ocultismo y no sé cuantos “ismos” mas.
Bueno, sólo me que queda decir que, gracias a Dios (textualmente), mis hijos y yo no fuimos envenenados con todos estos chismes y nos divertíamos de lo lindo disfrazándonos de lo que fuera y saliendo a pedir golosinas, sin que ninguno haya perdido la Fe o los valores.
Mal hacen quienes quieren poner a competir su Fe con una simple fiesta de manera tan absurda, llenándola de estigmas que nunca pasarían por la mente de un niño que busca divertirse en el Halloween.
Creo que esta fiesta no aleja a los fieles de los templos o las iglesias, pero sí sus amenazas de que se irán al infierno por sus supercherías.
Si deseamos mantener nuestras tradiciones culturales, bien; promovámoslas con el mismo “marketing” que le critican al Halloween.
Si queremos exaltar nuestras fiestas religiosas, excelente; a predicar con el ejemplo y a colaborar con nuestros sacerdotes o pastores.
Por último, espero que le hagan caso al obispo de Tehuacán, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez: “Halloween… no es una fiesta cristiana; ahora bien, si se celebra como una fiesta de disfraces y de forma sana, por ejemplo con regalos de dulces a los niños, no hay problema”. |