La tragedia era inminente. Un nuevo derrumbe pudiera ocurrir en cualquier momento y cancelar por completo las posibilidades de recuperación. La situación se volvió desesperante para los afectados. Y el abatimiento hizo presa de todos.
Tiempo después, las condiciones eran muy diferentes: el país entero se unió para salvar la situación. Gobierno, partidos, sindicatos, empresas entendieron que ante una situación tan grave lo único que podía sacarlos adelante era ponerse de acuerdo y trabajar cada uno en lo que le corresponde. Todos se solidarizaron, nadie quedó indiferente.
Y así sucedió: el interés general se puso por encima del interés particular de personas, grupos y partidos. Respaldaron al Presidente y dejaron de criticarlo por todo: lo que hacía y lo que dejaba de hacer. Las fuerzas armadas se dedicaron a lo suyo, los investigadores y las universidades colaboraron, los medios ayudaron a mantener el interés y el entusiasmo por cumplir el objetivo… y todo el país se unió en una sola causa: salvar la situación.
Y vaya que lo están consiguiendo.
Hemos aprendido la lección, dijo el Presidente. “Con la ayuda de Dios, somos capaces de hacer grandes cosas con unidad, fuerza y coraje”.
Chile dio una gran lección al mundo en el caso de los mineros atrapados bajo tierra. Doce millones de chilenos consiguieron lo que hasta hace poco parecía imposible: rescatar a los 33 mineros atrapados a 700 metros bajo tierra.
Pero la gran lección pudiera ser para México. ¿Hasta cuando seremos capaces de ponernos de acuerdo para unirnos en un objetivo y trabajar con fuerza y coraje para conseguirlo? ¿Serán de otra pasta los políticos, los partidos, los gobiernos, los sindicatos, los medios, las universidades y los doce millones de chilenos que sus similares en México?
¿Seremos capaces de unirnos todos en un objetivo y dejar los intereses personales, grupales y de partido para conseguirlo?
Porque tan angustiante como la situación de los 33 mineros sepultados bajo 700 metros de tierra es la de 50 millones de mexicanos sepultados en la pobreza y el desempleo, y la de más de cien millones de mexicanos sepultados en la inseguridad y en la mediocridad.
La diferencia es que allá, todos se apiadaron de ellos y se propusieron rescatarlos.
¿Y aquí? |