Hablar de lo que le sucedió al Partido Acción Nacional en las pasadas elecciones del 4 de julio es hablar de cosas inéditas, de errores internos, de un partido ausente, de la más grande maquinaria de la historia operando en su contra y de muchos otros factores; pero nada tan evidente, tan sucio y tan degradante, como las traiciones de las que todos fuimos testigos. Y si bien todos y cada de los factores jugaron un papel importante en contra de este organismo político y sus candidatos, no será en esta oportunidad que nos ocupemos a fondo de ellos, pues el tema preponderante entre propios y extraños es el de la expulsión de Luis Armando Reynoso Femat de las filas panistas.
Así, en ese rosario de conciencias vendidas, de voluntades compradas y de deslealtades inusitadas, destacan sin lugar a dudas, las protagonizadas por el Gobernador del Estado y su séquito, encabezado por su hermana Lourdes y los operadores de Palacio de Gobierno, que fueron acompañados por gente del Partido Convergencia y del Partido del Trabajo, sin contar a muchos priístas encantados con la idea de formar parte de “la jugada maestra” que se había fraguado desde hacía tiempo.
Sin embargo y no obstante todas las pruebas que a lo largo de los años demuestran el poco apego y respeto que el Ing. Reynoso ha tenido por Acción Nacional, hoy, de manera inusitada y “sin tener vela en el entierro”, miembros de otros partidos se sienten con el derecho de criticar una decisión que única y exclusivamente le correspondía tomarla al PAN, convirtiéndose en firmes defensores del Gobernador; pero no porque honestamente consideren como injusta la determinación, sino porque al aparecer plenamente justificada, ellos pueden verse involucrados, dado que se vieron favorecidos con las acciones del sancionado.
De igual manera, tristemente me doy cuenta que varios medios de comunicación padecen “Alzheimer periodístico”, y esos mismos que antes, durante y después de las elecciones, llenaban con regocijo sus primeras planas o sus minutos al aire con los comentarios sarcásticos, irreverentes o amenazadores que el Gobernador hacía en contra de Acción Nacional y algunos de sus candidatos, ahora resulta que son los primeros en publicar que se está efectuando una “injusta persecución” y un “claro revanchismo” en contra de este personaje político, cuando fueron precisamente ellos quienes divulgaron su falta de institucionalidad y sus imprudentes decisiones, lo que más tarde sería considerado para que el CEN tomara la polémica decisión.
Pero lo que de plano me parece el colmo es que a pesar de todo lo que el Gobernador ha hecho y dicho para dañar a Acción Nacional desde hace un buen tiempo, pisoteando a una institución a la que le debe tanto, de manera inverosímil aún se aferre a seguir declarando que es “orgullosamente panista y que lo seguirá siendo hasta la muerte”, lo que muy, pero muy pocos le creen, tanto fuera como dentro del PAN, pues la traición y la deslealtad no son nada nuevos en su palmarés y han sido un sello en su trayectoria, dada su costumbre de nunca jugar con una sola carta, sino con dobles o triples, sobre todo si las cosas no resultan como él quiere o planea. Y si no, basta con recordar a quiénes ha apoyado realmente desde 2004.
Mi pobre razón no comprende cómo puede decirse panista cuando en varias ocasiones advirtió abiertamente que si no quedaban los candidatos de su contentillo, entonces estaría con pleno derecho y posibilidad de apoyar a otros partidos y sus candidatos, cosa que cumplió apoyando a Carlos Lozano, a Convergencia y al Partido del Trabajo, con lo que quedó al descubierto que su verdadero objetivo no es otro más que acabar con Acción Nacional desde sus entrañas y congraciarse con los otros partidos para que tarde o temprano lo arropen, lo cual no tardará en suceder.
Incluso al no acudir personalmente a defenderse en el CEN, volvió a demostrar su desdén y desprecio por quienes despectivamente llama “El Club de Toby”, olvidando que fue ese mismo “Club” quien le dio la diputación plurinominal a su hermana Lula, lo que deja bien claro que para él, sólo está bien hecho lo que favorece sus intereses personales o los de su camarilla.
Pero LARF insiste en que “él nunca dijo lo que dijo”, que “son inventos de la gente“ y “ocurrencias del Club de Toby”, apresurándose a jurar y perjurar una y otra vez, tal y como lo hacía durante la campaña, que “es y será panista” y que “nadie, -excepto él-, decidirá hasta cuando dejará de hacerlo”. Pero eso, no es más que una burla a la membresía, un desprecio a los Estatutos y Reglamentos y un desafío a sus autoridades, pues ese tipo de declaraciones, lejos de mostrar respeto, lealtad y un poco de gratitud por la institución que le respaldó, tan sólo reiteran una actitud de soberbia que le impide aceptar que hay algo que se llama “justicia”.
Una justicia que, de manera urgente, propios y extraños estaban exigiendo que se aplicara; porque en caso contrario, se sentaría un delicado precedente de anarquía interna y sobre todo, provocaría un dolor e impotencia aún más grande que lo sucedido el 4 de julio, puesto que todos los verdaderos panistas y buena parte de la ciudadanía quedarían decepcionados, aniquilados en su conciencia, sumidos en la desesperanza y con la idea de que “el mal triunfa sobre el bien”. Pues ya lo dijo Ayn Rand, quien escribió: “La piedad por el culpable, es traición al inocente”.
Está claro que no se trata de venganzas ni de revanchismos, como lo quieren hacer creer, sino sólo se trata de justicia pura y de una puntual aplicación de las sanciones establecidas en los Estatutos y Reglamentos panistas. Y aunque Luis Armando Reynoso insista en declararse “orgullosamente panista”, una cosa es decirlo y otra demostrarlo; y que yo sepa, por más veces que lo repita no es creíble, pues sus acciones dicen otra cosa. Porque no basta con publicarlo a ocho columnas y declarar en todos lo noticieros que “les guste o no les guste, él sigue en el PAN”; pues en todo lugar y momento, el verdadero panista actúa congruentemente conforme a su doctrina y principios. Es más, con su simple manera de conducirse y de mantener el equilibrio personal, la gente lo puede identificar como tal. Pues como decía uno de los viejos panistas de la colonia España: “Ser panista es dar testimonio diario de ello y no se anda enseñando la credencial para comprobarlo”.
Más bien lo que él desea, diciéndose panista por todos lados, es mofarse del PAN y sobre todo, tal y como lo hizo en la campaña, confundir a la sociedad para que no pueda disociar ni romper el binomio PAN-Luis Armando, logrando que todas las críticas a su gobierno y a su persona, afectaran también al partido, con el consecuente voto de castigo que se notó.
La verdad es que los hechos hablan por sí mismos y nos indican que Luis Armando nunca ha sido ni será genuinamente panista; que pesa mucho su genética priísta y que ni hoy ni nunca le ha interesado Acción Nacional, pues sólo lo utilizó como medio para lograr sus propios beneficios y legitimar sus ansias de poder. Así que si el TRIFE le restituye sus derechos, sólo será, como ya dije, para darse el banal gusto de renunciar él mismo y pregonar que no lo corrieron, sino que él se salió, para posteriormente adherirse al PRI, a Convergencia o al Partido del Trabajo, pues para eso estuvo ya trabajando desde hace tiempo, sabiendo que su expulsión era cuestión de meses. Y como en política no existen las casualidades, podemos entender por qué varios representantes de estos partidos ya le están abriendo las puertas y se desviven por corresponder a los afectos que el Gobernador les prodigó durante la campaña, por lo que no sería raro que en poco tiempo le den un cargo partidista y luego uno de elección popular. Ese es el plan.
Pero dígase lo que se diga, su expulsión ya es oficial. Y no tanto la expulsión legal sino la moral. Lo que venga después y lo que decida cualquier órgano externo, será otra historia, porque dentro de Acción Nacional, la decisión ya fue tomada. Y aunque el TRIFE pueda revertirla, le debe quedar claro que ha avergonzado y dañado grandemente al PAN; que la mayor parte de sus miembros y de la sociedad pensante ya lo han juzgado y se alegran de que se haya hecho justicia, aunque muchos opinen que fue tardía.
Sin embargo, la historia todavía no termina. Aún quedan traidores dentro del grupo del Gobernador y otros escondidos en el mismo partido, lo que es mucho más grave. Pero de eso hablaremos próximamente, si Dios nos lo permite. |