Es sabido por la mayoría de los mexicanos que el candidato presidencial priísta será Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México. Pero, ¿qué pasaría si no es su candidato? Es una posibilidad que podría ocurrir.
Para nadie es un secreto que la cúpula priísta edificó la candidatura de Peña Nieto desde hace mucho tiempo, invirtieron recursos y esfuerzos; la candidatura se reforzó con los estudios de opinión que dan a conocer los medios de comunicación.
La manera en que se montó tuvo como objetivo evitar los graves problemas a los que se enfrenta el PRI al tener que lograr el consenso entre sus diferentes grupos y evitar las divisiones. Ahora la designación del candidato no sería por el Presidente de la Republica, tampoco por la dirigencia partidista, sino por los resultados de las encuestas, o dicho de otro modo, por el dedo de los encuestados. Aunque se debe notar que algunas empresas tuvieron un mal trabajo en los pasados comicios y sus trabajos parecían propaganda electoral.
Ante el desplome del capital político del PRD al no aceptar la derrota de Andrés Manuel López Obrador en 2006 y la crisis económica internacional, el PRI aprovechó la oportunidad para mejorar sus preferencias electorales, al colaborar con el gobierno de Felipe Calderón a cambio de elevadas prebendas.
La estrategia priísta funcionó, el partido estaba unido, ganó elecciones y al mismo tiempo fortalecía la imagen pública de Peña Nieto. Aunque hay críticos que destacan el trato preferencial de los medios de comunicación al gobernador y que no reciben otros políticos, inclusive de su propio partido.
En su ruta ganadora parecía que los comicios de 2011 y el presidencial de 2012 serían un mero trámite para el PRI. Peña Nieto sería el Presidente y el tricolor volvería a Los Pinos. Todo iba muy bien, los resucitados “jilgueros tricolores” anunciaban que la “aplanadora” priísta arrasaría en el súper domingo; incluso soñaban hasta con el “carro completo”.
Los resultados fueron distintos a los esperados, la alianza entre derecha e izquierda en tres estados y con votaciones cerradas en otros tres, encendió los focos rojos en el Revolucionario Institucional.
En las nuevas condiciones electorales surge la pregunta que nunca quisieron plantearse los priístas: ¿Y si Peña Nieto no es el candidato? El partido enfrentará una grave crisis a unos meses del inicio de la campaña presidencial.
El problema para la dirigencia que encabeza Beatriz Paredes es que apostó por Peña Nieto. Si triunfa su estrategia, gana todo; pero si no, la pérdida es total. El error de cálculo de Paredes es que sólo tiene un prospecto y no abrió el juego a más candidatos.
A meses del inicio de la campaña presidencial en 2011 sería muy difícil construir una nueva candidatura, por lo que reaparecerían los fantasmas del tricolor: casi imposible procesar los acuerdos y evitar las divisiones.
La alianza entre derecha e izquierda puso en evidencia la fragilidad del proyecto priísta para regresar a Los Pinos. Lo que parecía un día de campo en la renovación de poderes en el Estado de México en 2011, se convirtió en el mayor desafío en la carrera de Peña Nieto.
El PRI pondrá en juego todo su poderío en ganar la elección del Estado de México, ya que no tiene plan B. Aunque ahora, la competencia electoral se hizo más intensa y el candidato de Peña Nieto deberá ganar limpia y holgadamente. Se espera un choque de trenes y serán los comicios más vigilados en los últimos años.
Un triunfo al estilo Veracruz o Hidalgo sería como una derrota y pondría en serios aprietos la candidatura del priísta y mandaría malas señales sobre el estilo de gobernar que establecería su partido en 2012 de ganar los comicios.
Paradójicamente, en el PRI algunos grupos apuestan que no “le salgan bien las cosas” al gobernador mexiquense, ya que rompería el monopolio de la candidatura y habría nuevos prospectos. La situación del partido será incierta y crítica, es posible que no se pongan de acuerdo. Lo que dará juego a sus adversarios del PAN y el PRD. La contienda electoral sería entre derecha e izquierda, como en 2006. Aún con un PRI fortalecido, la alianza puede enfrentar exitosamente a los tricolores.
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