¿Qué se hace cuando el mundo entró en guerra y ésta finalizó cuando el conflicto había cobrado ya más de 50 millones de vidas? ¿Cómo se reconstruye una realidad política, social y económica devastada por una guerra que enemistó bloques y países? ¿Por dónde había que empezar?
Para comprender los efectos que la Segunda Guerra Mundial tuvo sobre nuestro país, debemos tener clara la situación geopolítica que vivió el mundo entonces. En pocas palabras, el mundo fue repartido por las potencias vencedoras del conflicto bélico, muy ocupadas cada una de ellas en reconstruir su proyecto de largo plazo.
Alemania, Japón e Italia tuvieron un proceso de reconstrucción supervisado, dominado por alguna de las potencias que las condiciones permitieron. Estados Unidos, la Unión Soviética, y en menor medida Gran Bretaña –más, quizá, como satélite norteamericano–, se consolidaron como las potencias dominantes del mundo en materia política, financiera y militar.
La carrera por la hegemonía se volcó hacia otros horizontes, tomó otro cariz. Las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, iniciaron la carrera armamentista más grande conocida hasta entonces.
Pero el juego geopolítico no se concentró únicamente en la innovación tecnológica y bélica, sino en la creación de modelos culturales que dieran viabilidad a los sistemas políticos que buscaban nada más que su fortalecimiento.
No es casual que esta época se haya caracterizado por el desarrollo de casi todas las industrias en Estados Unidos. Tampoco lo es el hecho de que fue entonces cuando estallaron las telecomunicaciones y los medios de comunicación como elementos de soporte cultural para la sociedad occidental, en los que Estados Unidos –con sus modelos e idiosincrasia– tuvo gran presencia.
Esta carrera atrajo un gran desarrollo económico y de las instituciones políticas de Estados Unidos. Fue la etapa en la que se fortaleció el modelo norteamericano, el muy famoso “American Way of Life”.
Pues bien, en ese contexto –descrito brevemente porque no es objetivo del texto desentrañar académicamente el periodo de la Guerra Fría–, nuestro país comenzó una nueva vida. Al término de la Segunda Guerra Mundial, México entró en una etapa de crecimiento económico, de fortalecimiento de las instituciones, de desarrollo… y de mucha corrupción.
Llegados a este punto de nuestro recorrido histórico, pregunto, amable lector, ¿a partir de qué elementos históricos, políticos, sociales, económicos, México se ha establecido como el país que hoy es?
La interpretación de la historia es crucial para la configuración de un país y su proyección de futuro.
Hay quien dice que el México de hoy tiene mucho que ver con la relación que históricamente ha sostenido nuestro país con el vecino del norte. Hay otros que afirman que nuestra historia es la penitencia por nuestros pecados pasados. En realidad, nuestro presente se relaciona directamente con ambas situaciones. Y algunas variables más.
El México de 1950 comenzó a ver el desarrollo económico cuando Miguel Alemán Valdés llegó a la Presidencia de la República. Alemán fue el primer presidente civil de la historia del México contemporáneo, hecho que coincidió con el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Era una historia romántica. Miguel Alemán fue un presidente “emanado del pueblo”. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México y llegó al poder con un nuevo equipo de colaboradores. Lo cierto es que sus amigos arribaron a los cargos públicos y se beneficiaron de ellos.
Sin tapujos, hay que decir que el gobierno de Miguel Alemán tuvo dos facetas: la del crecimiento económico y la de la corrupción. Fue en el periodo de este presidente cuando la cara del PRI tomó su verdadera forma.
Por un lado, el presidente Alemán mandó construir carreteras, promovió el desarrollo de los medios de comunicación y de las telecomunicaciones, y muchas zonas del país asumieron un irrefrenable rostro urbano. Además, en ese periodo se promovió el turismo en las costas mexicanas, teniendo especial relieve Acapulco.
El Distrito Federal también vio renovado su rostro. Se construyeron vías rápidas, como el Viaducto, Avenida Insurgentes y División del Norte, así como zonas habitacionales y polos de desarrollo. Fue entonces cuando tuvo lugar la construcción de la Torre Latinoamericana como primer rascacielos de la urbe.
Miguel Alemán fue un presidente que pudo ver el desarrollo económico de México. En gran medida, ese impulso fue fruto de la Segunda Guerra Mundial. México se benefició del intercambio comercial con Estados Unidos y cuando este país venció en la guerra, nuestra nación se impulsó también, específicamente en el plano financiero.
El presidente era más bien un tipo brillante. Político priísta de vieja cuña. Fue el creador de la Dirección Federal de Seguridad con el fin de mantener a raya a sus opositores políticos. Sabía ejercer la autoridad muy a su estilo. Tenía la mano muy dura. Cuando trabajadores del Petróleos Mexicanos estallaron en huelga no tuvieron ni siquiera la oportunidad de negociar. Simplemente se les requisó.
Los especialistas, como José Manuel Villalpando y Alejandro Rosas afirman que el sexenio de Alemán fue uno de los más corruptos de la historia de México. Ahí fue cuando se acuñó “la mordida” como método para evadir la justicia de las leyes.
Además, fue uno de los artífices de la historia oficial. Cuando el presidente de Estados Unidos, Harry Truman, visitó nuestro país, se anunció que el gobierno federal había encontrado los restos de seis personas a los pies del Castillo de Chapultepec. Los investigadores y académicos no se atrevieron a contradecir al presidente, por lo que se decretó que los restos eran de los “Niños Héroes”.
Le gustaba que se le rindiera culto a la figura presidencial. El rito que terminó en 2006, Miguel Alemán lo inició en su periodo. El informe de gobierno del Poder Ejecutivo se instauró un 1 de septiembre. La intención no era otra más que hacer el “Día del Presidente”, en el que todos los actores políticos, funcionarios o no, rindieran tributo a quien podía modificar su destino a la voz de una orden presidencial.
Muchos políticos y empresarios se enriquecieron en su periodo presidencial. ¿Quiere saber quiénes? Sígame en la próxima entrega.
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