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Adicciones: la conclusión de los experimentos
  Jesús Canale
 
Aguascalientes, MÉXICO., a 17 de agosto, 2010

¿Será lícito aceptar lo malo? Me refiero a la legalización de las drogas, porque hay que partir de una verdad de Perogrullo: Que las drogas son malas porque hacen daño, enferman, matan.

Por otro lado, sin embargo, está la perspectiva de que la penalización de la producción, tráfico y venta de las drogas ha sido la causante de muchas miles de muertes en la historia del narco, como resultado de la lucha entre las fuerzas oficiales y los delincuentes.

Entonces, nos quedamos con dos puntos de partida: que la droga es mala, por un lado, y por otro lado, que prohibirla genera violencia. El asunto es, entonces, si se puede aceptar la legalización de las drogas como un recurso para reducir la violencia: éste es el debate que se ha abierto ya varias veces en México pero que nunca se ha cerrado.

En lo personal, considero que es un debate que estará siempre abierto sea cual sea la definición legal que se le dé al asunto del narco. Regresemos al debate sobre la legalización de las drogas. Ocurre que en éste opinan (lo vemos a diario en los medios) los intelectuales, los políticos, los líderes sociales, los actores, los deportistas, etcétera, pero no vemos la opinión de los científicos de la salud, es decir, aquéllos que son realmente expertos en lo que verdaderamente implica, para la suerte de cada individuo, consumir drogas.

En realidad sería interminable enumerar aquí todo lo que se tiene por seguro que ocurre al consumidor habitual de drogas. Me concretaré en anotar unas cuantas observaciones que médicos investigadores han publicado como resultado de observaciones, valiéndose de metodologías con apego a directrices científicas.

Tomo como ejemplo suficiente algunas observaciones sobre la adicción inducida a la cocaína en animales de experimentación, ciertamente útiles para advertir con aproximación lo que ocurre en humanos. Los monos adictos a cocaína, cuando se exponen a una oferta de alimento o de cocaína, casi siempre escogen la droga, llegando a desnutrirse o a caer en estados de toxicidad por sobredosis. Puede más la adicción que el hambre.

Monos machos que han sido privados de actividad sexual y a quienes se les da la oportunidad de activar un dispositivo para recibir inyecciones de cocaína o bien de activar otro dispositivo para tener la oportunidad de montar a una hembra receptiva, optan invariablemente por la cocaína. Por encima del instinto sexual está la adicción a la droga.

A un determinado número de monos adictos se les dio a escoger entre recibir una dosis de cocaína a sabiendas de que recibirían un choque eléctrico intenso y muy doloroso, o bien, la oportunidad de recibir una dosis baja de cocaína pero sin choque eléctrico.

Sorprendió que prefirieron recibir la dosis más alta a pesar de que tendrían fuertes molestias, y cuando se incrementaba aún más la intensidad del choque eléctrico, los primates siguieron prefiriendo las dosis altas aun hasta sufrir convulsiones y finalmente morir. La adicción a la droga les empujaba a preferir intensos dolores hasta la inconsciencia con tal de no carecer de ella.

Y con ratas ocurre más o menos lo mismo que con los monos: a las que se les permite un acceso sin límite a la cocaína consumen tal cantidad que al cabo de un mes ya han muerto nueve de cada 10 roedores. La adicción a la droga supone de manera natural (son animales) una escalada en la dosis hasta llegar a la muerte en la gran mayoría. Bueno, y todo esto a pesar de que la cocaína no es tan adictiva como lo son otras drogas.

Por supuesto que no todos los adictos a las drogas llegan a los niveles que observamos aquí en los animales de experimentación, pero en gran parte no llegan a esos niveles porque la inmensa mayoría de los adictos no pueden disponer de las cantidades que quisieran.

¿Qué pasará si disponen con relativa facilidad de mayores cantidades? No se necesita ser muy inteligente para entender que la producción y comercialización legal de las drogas terminará, más temprano que tarde, facilitando la disponibilidad al consumidor por una sencilla razón: estará pretendidamente cohonestada por las “leyes del mercado”, y si algo es poderoso son precisamente las inflexibles leyes del mercado. En esto de las drogas hay que ver, aunque sea de vez en cuando, por el pobre consumidor: en él comienza la perspectiva ética sobre las drogas.

Jesús Canale es médico cardiólogo por la UNAM. Maestría en Bioética por la ULIA.

 
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