México es de los países de América Latina con uno de los mayores índices de fraudes.
Según la Encuesta de Fraude en México 2010 de KPMG, el 75% de las empresas del país ha sido víctima de algún tipo de fraude en los últimos 12 meses. Ese porcentaje es ligeramente inferior al de 77% que se dio en la investigación del 2008.
Uno de los fraudes que más creció entre el 2008 y el 2010 fue el cometido por los propios empleados, pues pasó de darse en el 60% de las empresas encuestadas a ocurrir en 77% de ellas.
En el 77% de las empresas que sufrieron en 2010 algún fraude interno, el causante fue el empleado (37%); colusión entre dos empleados (20%); colusión del empleado con proveedor (16%) y colusión de empleado con cliente (4%).
A decir de KPMG, una de las cuatro compañías más grandes del mundo en servicios profesionales, el que las empresas mexicanas se hayan visto obligadas a reducir gastos por la crisis económica llevó a muchas de ellas a relajar los controles, poniendo así en riesgo su patrimonio.
Un dato de la Encuesta que llama la atención es que si bien los miembros de la Alta Dirección cometieron sólo el 15% de los fraudes, el daño económico causado por ellos representó el 51%.
El personal operativo cometió el 54% y equivalió a 12% de los daños causados. En los niveles gerenciales, la proporción fue de 31% y 37%, respectivamente.
Según la encuesta, si hubiera que delinear un perfil del defraudador más común, éste es una persona con puesto operativo de entre 20 y 30 años de edad y una antigüedad de 3 años, que puede ser indistintamente hombre o mujer. Y el fraude promedio que comete este individuo es de 200 mil pesos.
Cuando el responsable del fraude es alguien de la Alta Dirección, la cantidad involucrada promedio es de 3.3 millones de pesos, la persona suele tener entre 35 y 50 años de edad y una antigüedad promedio de 10 a 15 años.
En cuanto al fraude más frecuente, resulta que éste es el de malversación de activos, que ocurre en 43% de las empresas. Y si bien el fraude con los estados financieros sólo representa el 10% de los que se cometen, es al que se le atribuye el 70% del daño económico.
El estudio revela que el 23% de los defraudadores están en el área de compras, otro 15% en almacén/logística, 12% en producción, 11% en dirección general, 11% en ventas y 10% en contabilidad y administración. Al resto se les encuentra, entre otros, en la Tesorería, Marketing y Recursos Humanos.
Llama la atención que pocas empresas, sólo el 17% de las encuestadas, contemplan a la denuncia anónima como una herramienta de detección, cuando casi la mitad de los fraudes fueron detectados gracias a ella.
Otro dato a resaltar es que en el 2010, casi 75% de las empresas defraudadas tardó más de un año en detectar el hecho.
Esta encuesta también se realizó en otros 4 países latinoamericanos. En todos ellos, la incidencia de fraudes en 2010 fue menor que en México: Brasil (68%), Argentina (41%), Chile (41%) y Uruguay (31%).
Fraudes más comunes con la información financiera
- Reportar ingresos ficticios para sobredimensionar a la compañía
- Reportar como ventas desplazamiento de mercancía de un almacén a otro o no registrar devoluciones de inventario para mantener altos los niveles de venta y que los altos ejecutivos obtengan bonos por “productividad”.
- Registrar como ingresos presentes aquellos que se estiman para el futuro para reflejar liquidez que permita la obtención de un préstamo bancario.
- Que el valor de los activos mostrados en libros no corresponda a la realidad
- Registrar maquinaria como arrendamiento puro y no como arrendamiento financiero, para reducir la deuda en estados financieros.
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