La semana pasada, por motivos de trabajo, no pude publicar esta columna. Hasta hoy lo hago con profunda tristeza porque todos los socios del Club Campestre que jugamos golf todavía no podemos asimilar la irreparable pérdida de nuestro querido amigo Martín Placencia Martínez. En especial sus compañeros de juego Abel, Carlos, Miguel, Leonel y el que esto escribe nos solidarizamos con su viuda Belinda y su pequeño hijo Martincito.
Nunca vamos a olvidar las múltiples ocurrencias y desfiguros que hacía a lo largo del juego, los sábados por la tarde que cotidianamente nos reuníamos con él. Ahora ya no estará más con nosotros y eso nos duele mucho.
Martín Placencia Martínez, originario de Guadalajara, pero con más de 20 años de residencia en Aguascalientes, llegó para iniciar su propio negocio de venta de muebles, primero en El Parián asociado con Carlos “Pipo” Paredes y Martha Espinoza. Después, de manera independiente, en Las Américas donde todavía tiene una tienda; posteriormente, gracias a su dedicación, abrió otra al norte de la ciudad, a un costado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
Martín dedicaba la mayor parte de la semana a su trabajo. Era amante del constructivismo físico, acudía muy temprano al gimnasio antes de salir a sus mueblerías. Cuando era soltero, acostumbraba salir los fines de semana con sus amigos Juan Javier, Gustavo y Carlos, entre muchos otros. Los sábados asistía puntualmente a su cita vespertina con la cacariza. Buen jugador, con mucha potencia, convivía con nosotros varias horas en el campo y un rato más en el Hoyo 19, pero antes de las 10 ya estaba saliendo del club para acudir con sus amigos a los antros de la zona norte.
Más adelante y después de gozar en grande su soltería se casó hace poco menos de 4 años, con Belinda Ríos, excelente pareja, joven mujer que en agosto de 2008 le diera la alegría más grande de su vida, su primogénito Martincito. Por motivos de la inseguridad que se vive en Aguascalientes y en el resto del país, a los pocos meses de nacido su hijo tuvieron que emigrar, desatendiendo sus negocios y viviendo un calvario entre desplazamientos desde su nueva residencia y esta ciudad, ritmo que lo cansó y lo orilló a tomar la decisión de volver a su casa en Aguascalientes hace tan solo 2 meses, hecho que en especial alegró mucho a Belinda, y claro, a sus amigos que lo pudimos ver más seguido.
Pero el destino es en muchas ocasiones muy duro y a nuestro amigo, a su familia y a sus verdaderos amigos nos tocó vivir esta pena tan grande. Una desgracia que ahora ha dejado huérfano a un pequeño de tan solo 2 años y a su joven compañera. El pasado miércoles 24 de noviembre, Martín (que venía quejándose de su columna, que había sido operado de la misma hace poco más de 5 años, en Houston, Texas), decidió ver al médico, mismo que le pidió se hiciera una tomografía para ver qué problema pudiera tener en su columna.
Nuestro amigo acudió a esa desgraciada cita por su propio pie a las 9 de la noche en las instalaciones de un hospital que está en el Primer Anillo, al norte de la ciudad. Al momento de ponerle una solución para poder hacer el alto contraste, tuvo una fuerte reacción al yodo introducido en su corriente sanguínea, situación que lo llevó a perder el conocimiento y tener un paro cardiaco. Los médicos tardaron en revivirlo 17 larguísimos minutos, lo que le provocó un coma profundo.
El jueves por la mañana acudimos sus amigos, entre la confusión e incredulidad, al área de terapia intensiva donde se encontraba una desconsolada Belinda y dos de los hermanos de Martín que en la madrugada se trasladaron desde Guadalajara. Los especialistas nos dieron un diagnóstico terrible: Martín, sin duda alguna, y por la cantidad de minutos en que su cerebro dejó de recibir sangre oxigenada, estaba al borde de la muerte y de sobrevivir tendría lesiones muy graves en su cerebro, y no se sabría su magnitud hasta que volviera en sí.
Más tarde llegó su afligido padre desde la capital tapatía, acompañado de especialistas. Don Martín tomó la decisión de llevarse a su hijo a Guadalajara; para ello tenía dispuesta una ambulancia aérea. Esa tarde se le hicieron más estudios, pero el diagnóstico no cambió: su cerebro estaba dañado irremediablemente. Ya en Guadalajara, estuvimos en contacto todos los días con su esposa; hubo algunas esperanzas al saber que su corazón estaba muy fuerte, pero que tenía graves daños en órganos vitales como los pulmones, riñones e hígado, además de daños incalculables en su cerebro.
El pasado lunes 29, muy temprano, recibí una llamada de Abel para darme la triste noticia de que Martín había fallecido en la madrugada. No lo podía, y aún no lo puedo creer. Sólo hasta hoy viernes que vi su foto sentí su ausencia física, porque siempre estará en nuestros corazones, y como le dije a su inconsolable esposa, Martín vivirá siempre entre nosotros. Además, su pequeño hijo, idéntico a su padre fallecido, nos lo recordará.
El mismo lunes, Abel, Maguí y mi esposa Cecy se trasladaron a Guadalajara para acompañar a Belinda; yo, por razones de trabajo, no pude acompañarla. A la mañana siguiente salieron para allá Carlos, Miguel y Leonel. Sus restos fueron cremados. Sólo espero y deseo que sus cenizas reposen en tierras hidrocálidas.
Su próspero negocio de muebles, es el patrimonio de Belinda y Martincito. Espero que sus colaboradores ayuden a Belinda a reorganizar la empresa, porque Martin llevaba como reloj sus negocios. Afortunadamente, Belinda es profesionista y en los últimos años se metió de lleno a las mueblerías.
Aprovecho para reiterar el compromiso de sus amigos del golf, de que siempre estaremos al pendiente de la familia de nuestro inolvidable amigo Martín. Descanse en Paz.
Golf por televisión este fin de semana:
La verdad, pido su comprensión pero no tuve tiempo ni ganas de averiguar que está sucediendo en el mundo del golf. Gracias.
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