Los sistemas para medir los avances de la educación superior que tienen las universidades e instituciones públicas es en base a parámetros de cantidad, cuando lo que se requiere ahora es medir también la calidad de la educación que se proporciona.
En la actualidad se evalúa a las instituciones de educación superior solamente por los medios y no por los objetivos alcanzados, comenta el Doctor Guillermo Hernández Duque, Asesor y Evaluador del Sistema Nacional de Universidades Politécnicas.
Los factores actuales para medir el desempeño de las instituciones son el número de maestros, de aulas, de laboratorios y de otros instrumentos que son apoyo para la docencia, así como del número de alumnos que se inscriben al inicio de cada curso académico; hasta ahora no se ha comenzado a medir por los objetivos que cumplen esas instituciones cada año.
México, en un momento decisivo en materia de educaciónEn los países avanzados desde el punto de vista educativo, se mide no solamente por los medios que tienen las universidades para facilitar el proceso de creación y transmisión del conocimiento (aulas, profesores, laboratorios, etc.), ni por los alumnos que ingresan, sino especialmente por los porcentajes de alumnos que terminan sus estudios, los que se titulan, los que se emplean tanto en los sectores público como privado, por el éxito profesional, por las empresas propias que llegan a crear esos alumnos y hasta por los montos que aportan a la universidad donde se graduaron ya que esto manifiesta el grado de agradecimiento que guardan con la institución que los formó profesional y humanamente.
El Doctor Hernández Duque dice: "es hora de que los organismos evaluadores de las instituciones mexicanas comiencen a estructurar sistemas de medición también de esos aspectos, ya que facilitarán un conocimiento más profundo del desempeño que tienen tanto autoridades como académicos.
Retener, más valioso que solamente aceptar
Aceptar a un alto número de estudiantes significa solamente que la institución tiene capacidad la docente y de instalaciones para hacerlo. Sin embargo, cuando desde los primeros semestres deserta un importante porcentaje de los alumnos, ello refleja que están insatisfechos y que buscarán continuar sus estudios en otra institución o en otra carrera, afirma.
Opina que estas realidades manifiestan que buena parte de la inversión realizada se pierde por el alto porcentaje de alumnos desertores, ya que en los últimos semestres de las carreras las aulas se encuentran con grupos de sólo unas cuantas personas.
A decir del Doctor Hernández Duque, la alta deserción refleja un insatisfactorio trabajo de selección por parte de la universidad, que tendrá como consecuencia el que los estudiantes aceptados abandonen la carrera, que esas plazas disponibles se nieguen a otros que al ser rechazados por la institución tendrán que buscar acomodo en carreras que no les satisfacen, o que vean frustradas sus aspiraciones de realizar una carrera profesional al no poder ingresar a una universidad.
Mejor evaluar por las salidas que por las entradas
La calidad se manifiesta en las “salidas, más que en los ingresos de alumnos”, comenta el Doctor Hernández Duque, quien además de consultor del Sistema Nacional de Universidades Politécnicas de la Secretaría de Educación Pública, actualmente se desempeña como Asesor-Evaluador del CONACYT a nivel federal y de Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIESS), ací como Director del Área de Desarrollo en una empresa transnacional establecida en Aguascalientes y con presencia en todo el país.
Señala que una evaluación que considere solamente el número de alumnos que se aceptan, sería incompleta. Se requiere medir también los que egresan y las condiciones en que encuentran acomodo profesional.
Poco, lo que una Universidad puede hacer si el alumno le llega con lagunas"La misión del sistema educativo es formar a los estudiantes para que tengan un desarrollo personal y profesional en las áreas de su preferencia dentro de aquellas que son requeridas por el país y que tienen, por lo mismo, salidas profesionales. Para ello es necesario desarrollar en el alumno las habilidades, las actitudes y desde luego los conocimientos que le permitan aportar a un esquema actual donde el profesional debe reunir múltiples facetas para poder encontrar, mantenerse en él y destacar en un puesto. Y ésta tarea no la puede llevar solamente la universidad".
Es necesario, dice, que en los niveles de educación previos a las universidades se comience un proceso de alineamiento bajo estos esquemas, ya que si el alumno llega a la educación superior con lagunas en su formación, será poco lo que la Universidad pueda hacer por ese alumno en los años que cursa una carrera.
Alinear todos los niveles del sistema educativo
Para el Doctor Hernández Duque, se requiere que en cada uno de los niveles desde la educación básica, el alumno vaya alcanzando gradualmente el conocimiento y la madurez intelectual y humana que son indispensables para que la universidad pueda efectivamente culminar ese proceso de formación en el conocimiento.
El proceso de educar es como preparar al niño para que llegue a ser un atleta de alto rendimientoLos grandes atletas, pone de ejemplo el Doctor Hernández Duque, no comenzaron a prepararse en un centro de alto rendimiento, sino que desde su niñez tuvieron instructores y entrenadores que les permitieron alcanzar las metas que se esperaban de acuerdo a su edad y a su condición. "Esas metas iniciales se superan a medida que el atleta crece y madura, para que al alcanzar su plenitud de edad y de preparación, logre establecer marcas mundiales y destacar a un nivel global.
Lo mismo sucede con los procesos educativos".
Concluye que México está en un momento decisivo: o se decide a emprender un camino hacia la calidad educativa que profundice en la eficiencia formativa de sus instituciones para que sean capaces de egresar profesionales comprometidos con el desarrollo, o tendrá que resignarse a mantener un sistema que no podrá aportar los egresados que se requieren en nuestro tiempo.
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