Llevo ya varias semanas escuchando esto del “voto nulo”, del “tache a todos” y sigo esperando que algún líder de un partido político salga a reconocer el movimiento como legítimo, tan legítimo como lo que nos hace a muchos participar, precisamente, en algún partido político.
Quienes hemos encontrado en la política una vocación para servir a los demás -tan válida, si es genuina, como cualquier otra, pero también tan desfigurada por muchos, como pocas- estamos obligados a escuchar los postulados de todas las corrientes ideológicas y doctrinarias, para no fanatizar las propias.
Entonces ¿por qué no escuchar a quienes se oponen a los postulados establecidos? ¿Qué no fue esa oposición la que ha impulsado la mayoría de las veces precisamente a quienes ahora se empeñan a no atenderla?
Pero no. Parece que alguien ha encontrado la fórmula de reconciliar lo irreconciliable: a los partidos políticos mexicanos. Aunque con diferentes argumentos, e incluso ataques entre sí, lo único que en fechas recientes ha unido a los partidos ha sido una idea: “eso del voto nulo es una tontería” (palabras más, palabras menos).
A los dirigentes de mi propio partido, y a los de los demás, quiero invitarles a la humildad, y a reconocer que no ha sido sino -precisamente- el comportamiento de los propios partidos el que ha orillado a la existencia de este movimiento.
El “voto nulo”, que no puedo ni debo respaldar, no es sino el llamado de atención de un grupo de ciudadanos y ciudadanas (que ya conoceremos después del 5 de Julio, si son una pequeña minoría, o alguna mayoría nada despreciable), a todos quienes integramos los partidos, para que entendamos cuál es la razón de ser de un sistema de partidos y en general de la política.
Un partido político no debe ser un coto de poder con funciones de agencia de colocación de empleo. Un partido no debe ser una fuente inagotable de recursos públicos, los cuales después de un turbio manejo, acaban en manos de una misma familia. Un partido no debe ser el instrumento de algunos iluminados mesiánicos para satisfacer mezquinos instintos de poder.
No debemos los partidos en el gobierno (y todos los partidos en México son gobierno en algún ámbito y en alguna circunscripción territorial) limitar la concurrencia democrática, de tal manera que haya privilegios para partidos o personas.
Desgraciadamente todo esto y muchas otras cosas, se cumple en los partidos políticos mexicanos.
Por el contrario, un partido debe ser un movimiento que aglutine a personas, ciudadanos y ciudadanas, que compartan un modo de pensar y una visión de la realidad política del País, y que busquen exponer al electorado esta visión, para que éste elija entre ese u otro partido con ideas diferentes, para guiar al propio País.
Los partidos políticos mexicanos debemos anteponer a la diatriba, la ofensa, y la injuria, valores como la discusión y el diálogo sinceros, con el fin de llegar a la verdad, y de conciliar la diversidad en unidad nacional.
Los partidos políticos deben ser la expresión de la diversidad de las formas de pensar en un País, y deben ser herramientas para que estas diversas formas de pensar logren una equilibrada unidad nacional.
Estoy seguro que de tener partidos que busquen tan anhelada unidad, los movimientos como el del “voto nulo”, no pasarían siquiera por la mente de los ciudadanos.
He dejado aparte mi opinión respecto a la postura del IFE, respecto a que el “voto nulo” es algo así como “inmoral”. Puedo entender que el “voto nulo” perjudique a un partido, porque le está diciendo que su propuesta no le “llenó el ojo”, y que por lo tanto, los representantes de estos partidos salgan a repudiar a quienes promueven este movimiento. Lo que no puedo entender es que el organismo imparcial que encontró su origen en el poder democrático de la ciudadanía, rechace un movimiento ciudadano, porque perjudica a los partidos.
Es precisamente antidemocrático todo intento de nulificar la manifestación de cualquier corriente de opinión que necesariamente existen en toda sociedad, como la de “votar nulo”.
Acción Nacional se organizó como partido político permanente, no con la finalidad única de quebrantar el monopolio del poder, sino para poner a disposición del pueblo mexicano un instrumento idóneo para presentar, dentro del proceso democrático, programas de gobierno y personas capaces de cumplirlos.
Yo invito a quienes estén pensando en anular su voto a conocer las propuestas de todos los partidos, los postulados particulares de los candidatos (que muchas veces superan y otras contradicen las plataformas electorales), les invito a valorar el voto por un sólo partido (claro está, el mío), y que dejen la opción del “voto nulo” como la última, pero que la ejerzan antes de pensar en abstenerse de acudir a la casilla.
Eso sí, si deciden ejercerla, seguro estoy de que habremos muchos políticos dispuestos a escuchar su voz y a acatar el mandato de las mayorías. Sea cual fuere. |