Si usted tuviera un vehículo con el que pudiera darle cuatro veces la vuelta al mundo por el Ecuador, le aseguro que lo cuidaría con esmero y le daría el mantenimiento adecuado y las reparaciones que necesite, pues de lo contario correría el riesgo de que lo deje tirado a mitad de un trayecto.
Bueno, pues usted dispone de ese vehículo y no pagó impuesto al hacerse de él, ni paga tenencia, pero en la mayor parte de las veces no le da el mantenimiento ni el cuidado que requiera. Se trata de los pies.
Se estima que en la vida de una persona, los pies nos permiten trasladarnos a una distancia que equivale a cuatro veces la circunferencia de la tierra. Pero sólo en contadas ocasiones nos ocupamos de ellos, únicamente cuando nos duelen.
Los torturamos con calzado caprichoso…
Porque no se piense que los pies, por ser lo que está más bajo del cuerpo, son algo poco importante. Nada de eso. Es una maquinaria perfecta que consta de 26 huesos unidos por articulaciones, músculos, tendones y ligamentos, capaces de soportar un peso hasta del doble de nuestro cuerpo.
Pero además nos permiten avanzar largas zancadas o pequeños pasos, hacerlo en una carrera o a paso lento, hacen posible subir y bajar escalones, dar saltos, en fin…
En la mayor parte de las ocasiones, los empacamos en un calzado que no es el adecuado ni por la horma, ni por la altura, ni por el material (imagínese un calzado de mujer de horma estrecha, con tacón de varios centímetros y hecho en base a materiales sintéticos que impiden la transpiración). Y sin embargo, el pie resiste y resiste… hasta que se rebela y lo manifiesta con inflamaciones, con infecciones, con dolor.
Infecciones causadas por hongos o bacterias
El doctor Javier Ruiz Avila, dermato-oncólogo director de Dermédica en la Ciudad de México dice que una de las más frecuentes manifestaciones de que algo no va bien con los pies son las infecciones y que éstas pueden ser causadas por hongos o bacterias que provocan mal olor, pie de atleta, descamación y resequedad. Este tipo de infecciones tiene efectos en el comportamiento de las personas ya que las hacen inseguras por el hecho de molestar a otras personas con las manifestaciones de su padecimiento.
Cuando esas infecciones no se atienden a tiempo pueden llegar a causar ulceraciones y contagiar la infección a otras áreas del cuerpo, en especial a los genitales, porque la mayoría de las personas usan la misma toalla para secar pies y las demás áreas corporales.
Los cuidados que sus pies necesitan son simples:
- Lavarlos diariamente y revisarlos con frecuencia para detectar a tiempo cualquier herida o grietas manchas en la piel y alteraciones en las uñas.
- Secarlos perfectamente después del aseo con una toalla especialmente dedicada a ello, para evitar que en caso de existir una infección, se propague a otras partes del cuerpo.
- Humectar los pies diariamente ya que una piel reseca es más susceptible de infecciones.
- Usar calcetines de materiales naturales y evitar los de hilos sintéticos.
- Utilizar calzado que permitan la transpiración del pie en época de calor. Si es posible cambiar cada día de par de zapatos para no usarlos húmedos y permitir que se aireen suficientemente.
- Si por alguna causa se moja el calzado, hay que secarlo perfectamente antes de usarlo.
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