En todo el mundo han bajado las compras de casas, de coches, de ropa y de artículos para el hogar, entre otros, pero hay productos a los que la crisis les afectó, y entre ellos están las sustancias que prometen incrementar la capacidad intelectual.
Cada año son más las personas que consumen medicamentos o suplementos alimenticios acerca de los que se dicen maravillas: que si mejoran el rendimiento intelectual, que si ayudan a mantenerse despierto por más tiempo, que si controlan el nerviosismo, que si aumentan el grado de concentración, que si evitan que las personas mayores se vuelvan olvidadizas...
Una investigación publicada por la revista Nature revela que el consumo de estos supuestos medicamentos o suplementos puede causar trastornos del sueño, cambios bruscos de humor y hasta trastornos paranoides.
El estudio se hizo entre científicos que acostumbran utilizar alguna de las muchas sustancias que aseguran ser buenas para mejorar el rendimiento intelectual.
Quienes realizaron la investigación precisaron, sin embargo, que deben continuar los estudios que permitan desarrollar un fármaco que contribuya a mejorar las capacidades intelectuales sin causar efectos secundarios. Esto se hace necesario, sobre todo, porque el número de personas de la tercera edad crecerá de manera considerable en los próximos años y hay que encontrar la manera de que no se deterioren sus procesos de memorización y aprendizaje.
Uno de los países que ya se planteó abrir al debate el tema de estas sustancias es Gran Bretaña. Por lo pronto, ahí están en marcha varios estudios para valorar la eficacia y seguridad de dichas sustancias y ver si conviene que el acceso a las mismas esté abierto a la población en general.
Lo qué se sabe con certeza
Por lo pronto, algo que está comprobado es que el tipo de alimentación que lleva una persona repercute en su rendimiento intelectual. Cuando es equilibrada y variada tanto en glucosa como en proteínas y en sales minerales, se le aportan al cerebro los componentes que necesita para un buen rendimiento intelectual.
Por ello, lo más recomendable es una alimentación balanceada y completa: cereales, frutas, verduras; proteína animal en forma de carnes, huevo, pescado, pollo; aceites vegetales con moderación; frutas secas (pasas, ciruelas); semillas como las nueces yalmendras; y con moderación, los azúcares refinados y las bebidas alcohólicas.
Así que mientras futuros estudios revelen nueva información, lo que hoy sabemos con certeza es que el secreto de la buena actividad intelectual está en una alimentación variada, más que en los suplementos alimenticios. |