De no haber sido por su última frase —“esta decisión va a afectar nuestras relaciones bilaterales”— la declaración de la ministra francesa de asuntos exteriores sobre el asunto Cassez habría quedado en el alegato emotivo, teatral y apropiado que un sector de la opinión doméstica aguardaba.
Pero en la Francia divina la política importa. Y más en la Francia en la que su presidente, Nicolás Sarkozy, hábil escenógrafo, sabe que el ánimo colectivo se excita si libera a las azafatas españolas del Chad —como pasó en 2007— o saca el pecho para ofrecer negociar con las FARC el rescate de Ingrid Betancourt —gestión fallida— o trae de regreso a Cassez a una civilizada cárcel francesa. De allí la afectada irritación.
Pero ya se les pasará y no hay que dramatizar en exceso. Es su temperamento y justo por ello me gustaría recordar dos anécdotas. En junio de 1997 recibí una carta de un antiguo embajador de Francia en México, Bruno Delaye —un diplomático frivolón, con pinta de gigoló, simpático, ahora destinado en Madrid—, en la que me pedía que el gobierno del Aguascalientes (que yo encabezaba entonces) le diera un subsidio de 35 millones de pesos a la empresa concesionaria que maneja el servicio de agua en la capital de ese estado, la cual estaba participada por la constructora mexicana ICA y la compañía francesa Vivendi, cuyo presidente, Jean Marie Messier, dimitió escandalosamente años después dejando al grupo casi en bancarrota.
Delaye concluía su carta amenazando delicadamente con que, de no aportarse esa cantidad, “ello podría provocar la salida de la Compagnie Générale des Eaux (luego Vivendi) del proyecto”, así como un deterioro en la “imagen” del estado. Desde luego, los recursos no se dieron, la concesionaria no se fue del estado, Vivendi desapareció y se transformó en Veolia, y las inversiones siguieron llegando a Aguascalientes. No pasó nada. Años después hubo otra puesta en escena. Hacia finales de 2003, se reunieron en la embajada gala en el DF el canciller Luis Ernesto Derbez y un grupo de representantes de empresas francesas en la que éstos se quejaron de diversas políticas mexicanas, quejas por cierto muy válidas, y, nuevamente, amenazaron con que afectaría la inversión de Francia.
Pero lo cierto es que ya para entonces la vinculación económica y comercial entre ambos países era bastante modesta. Por ejemplo, según las cifras de la Secretaría de Economía, de los 237 mil millones de dólares de inversión extranjera directa realizada en México entre 2000 y 2010, Francia aportó menos del 1%, y de los casi 300 mil mdd exportados por México el año pasado tan sólo 535 fueron a parar a ese país.
¿Entonces? ¿Tanto alboroto del Quai d’ Orsay ? Es cierto que el montaje mediático de la policía federal mexicana, no necesariamente el delito mismo por el que ha sido condenada la señora Cassez, fue vergonzoso. Pero de allí a tal griterío parece más bien un achaque de, Vargas Llosa dixit, “la vieja, querida y declinante Francia". |