A raíz de la muerte del ex presidente Carlos Andrés Pérez, Felipe González escribió un obituario (El País, 28-XII-2010) en el que recuerda el apoyo que a mediados de los años setenta recibió el Partido Socialista Obrero Español del político venezolano cuando, efectivamente, apenas “balbuceaba la Transición en España”, pero aún no llegaban la democracia, el pluralismo y las libertades políticas.
Esa historia, la del respaldo múltiple con que contaron los socialistas, eurocomunistas y liberales españoles encabezados, por un lado, por González, Alfonso Guerra y Javier Solana, y, por otro, por Enrique Tierno Galván, Rafael Calvo Serer, Santiago Carrillo o Raúl Morodo, por parte de diversos gobiernos y fuerzas políticas de América Latina, merecería ser contada en detalle para aquilatar mejor la naturaleza de las relaciones políticas iberoamericanas.
Éste es el caso, por ejemplo, de la singular relación que el gobierno de Luis Echeverría y el PRI de don Jesús Reyes Heroles sostuvieron con la mayor parte de las corrientes progresistas españolas. Aunque desde hace ya varios lustros el PRI ha carecido ya no digamos de una agenda internacional orgánica sino, al menos, de una aproximación moderna e inteligente hacia los asuntos globales, en los años setenta fue significativo su activismo en la acogida e integración de los exiliados chilenos tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet o en la solidaridad tanto política como material con los españoles que protagonizaron la lucha contra la fase final del franquismo y la transición posterior.
Reyes Heroles; su secretario, Gabino Fraga; Rodolfo Echeverría, entonces oficial mayor del PRI, o Enrique González Pedrero, secretario general del propio partido, entre otros, articularon un intenso nivel de diálogo con los socialistas españoles, a quienes en la práctica brindaron reconocimiento político formal, ofrecieron todo tipo de facilidades logísticas, asesoraron y, al parecer, financiaron de manera generosa, entre otras razones porque calcularon correctamente que la muerte de Franco era inminente y porque tanto la Presidencia de la República como el entonces partido gobernante fueron siempre particularmente activos en la condena a la brutalidad del generalísimo. Durante sus años como secretario de Educación Pública (1982-85), Reyes Heroles solía ser recibido con todos los honores políticos por el gobierno español y a su muerte fueron expresas las condolencias del Rey, de Felipe González e incluso de Adolfo Suárez, en clara reciprocidad del apoyo recibido durante la transición.
Pero subsiste la necesidad de recuperar en qué consistió exactamente esa solidaridad. ¿Fue la dirigencia del PRI quien aconsejó a Felipe González que el PSOE se moviera hacia posiciones socialdemócratas? ¿Reyes Heroles y su equipo jugaron algún papel en la integración de la plataforma de todas las fuerzas opositoras a Franco? ¿Quién y cómo operaba el financiamiento que presumiblemente el PRI proporcionó a los españoles?
En suma, al menos para la memoria histórica, ésta es aún una historia por contar. |