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La capital de Inglaterra es Londres, no London. La de Rusia es Moscú, no Moskvá. La de Baviera es Múnich, no München. Y la antigua capital de Carlomagno era, y existe, Aquisgrán, no Aachen ni Aix-la-Chapelle.
La capital de China, en español, es Pekín, aunque en chino mandarín, transliterado allá al alfabeto latino, sea Beijing (“capital del norte”, que se pronuncia aproximadamente “peiying”).
Cuando el nombre de una ciudad, y de cualquier cosa, tiene un modo de decirse en español, digámoslo en español. Beijing no está en nuestra lengua. El nombre de Pekín, en cambio, ha existido en español por siglos.
Las agencias noticiosas internacionales, cuando la matanza de la Plaza Tiananmén (4-VII-1989), pusieron de moda llamar Beijing a Pekín, y muchos creyeron que el Estado chino había cambiado oficialmente el nombre de su capital, como sí lo hizo en 1928, cuando la bautizó Peiping (“paz del norte”). En otros tiempos se llamó también Tatú, Chongtú, Kanbalik, Suntién....
¿Qué tal que pidiéramos a los chinos que en sus textos escribieran la palabra “México”, no con el ideograma –y metáfora– tradicional que para ella acuñaron hace buen tiempo? (“Mò”, “pincel”), sino tal como nosotros la usamos, con letras romanas y acento?
Si en nuestra lengua la be suena a be y la jota a jota, y las vocales a lo que sabemos, la capital de China, con todo respeto, en español es Pekín, por lo que nuestras letras dan y por lo que entrañan los siglos.
(14.agosto. 2008) |